viernes, 27 de agosto de 2010

Nos vemos en la próxima masacre de migrantes

Por Óscar Martínez

No comprendo la algarabía que se ha desatado por los 72 migrantes asesinados en México por Los Zetas. Supongo que se debe a la cantidad de cuerpos apiñados, a lo explícito de la imagen del rancho en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, casi en la frontera con Brownsville, Texas. Es un gusano de cadáveres que se enrolla recostado en la pared del galerón descascarado de ese monte en medio de la nada, allá por donde llega el caminito de tierra. Algunos cadáveres estaban atados de manos por la espalda. Otros yacen apiñados, unos sobre otros, en las partes donde el gusano se engorda. No comprendo la algarabía que se ha desatado por la masacre de tantos migrantes.

Los grandes medios de comunicación mexicanos, los salvadoreños, los hondureños, los guatemaltecos, hasta los estadounidenses, españoles y sudamericanos han utilizado sus portadas, sus páginas principales, sus noticiarios estelares para hablar de la masacre de migrantes en México. No comprendo la algarabía de tanto medio tan grande.

Los políticos, los de México, de Centroamérica, de Brasil, de Ecuador, han salido urgidos a sentarse en sus sillas de conferencia de prensa, ante aquellos medios, para luego salir en portada. Eso sí, no cualquier político. Son jefes de departamentos, de institutos, de organismos. Son, incluso, los mismísimos presidentes de esos países los que han dicho, como dijo el de México, que los autores de la masacre de San Fernando son unas “bestias”. No comprendo tanta algarabía de tanto político tan importante.

No lo comprendo porque las algarabías suelen explotar tras la sorpresa. No lo comprendo, y si me obligaran a intentarlo diría que fingen. Se están inventando esas caras serias, ese gesto seco. Están haciendo ostento de su tinta, de su tecnología, de su capacidad de contratar un servicio de noticias por cable.

La masacre de San Fernando, Tamaulipas, cerca, muy, muy cerca de Estados Unidos, allá por donde los indocumentados casi han llegado, no es sorprendente. La masacre de San Fernando, allá a donde un migrante centroamericano llega tras más de 20 días de viaje, es solo un hecho más, uno impactante, pero nada más. La masacre de San Fernando, allá a donde un centroamericano llega tras haber abordado como polizón más de ocho trenes, era previsible. La masacre de los indocumentados en México empezó a principios de 2007.

Lo que empezó esta semana una vez más son las conferencias de prensa de los funcionarios compungidos. Lo que empezó esta semana son los grandes titulares de los medios que ni sabían dónde queda Tamaulipas ni qué diablos hace por aquellos lados un indocumentado centroamericano. Lo que empezó esta semana es el circo. Pero ese se acaba pronto. Ese no dura muchos años, ni muchos meses, ni siquiera muchas semanas.

Es mentira lo que dijo ayer Alejandro Poiré, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de México, el vocero en temas de crimen organizado. Dijo que en los últimos meses han recibido información de que algunas organizaciones de delincuentes participan en secuestros y extorsión de migrantes. Es mentira. Lo sabe hace mucho. Lo dijo el FBI a finales de 2007. Lo dijo la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México a mediados del año pasado. Lo dijo bien claro. Su informe se titulaba “Informe Especial Sobre Secuestro de Migrantes en México”. Decía que cerca de 10 mil indocumentados, principalmente centroamericanos, habían sido secuestrados solo en los últimos seis meses. Decía también el nombre y apellido de esa “organización de delincuentes”. Se llaman Los Zetas, son una banda organizada que existe desde 1997, que fundó el Cártel del Golfo, que nació con militares de élite reclutados para entrenar sicarios. Decía también que las autoridades de municipios y estados mexicanos participaban en esos secuestros. Decía que ocurrían a la luz del día en municipios y estados que también tienen nombre: Tenosique, Tabasco, Coatzacoalcos, Medias Aguas, Tierra Blanca, Veracruz, Ixtepec, Oaxaca, Saltillo, Coahuila, Reynosa, Nuevo Laredo, Tamaulipas. TAMAULIPAS. Es mentira que Poiré y aquellos de los que él es vocero lo sepan "hace unos meses". Unos pinches meses, diría un mexicano.

Es mentira, como dijo ayer Antonio Díaz, el coordinador de asesores del Instituto Nacional de Migración de México que en lo que va de 2010 han detectado alrededor de siete secuestros de migrantes por parte de organizaciones criminales. Es mentira, porque compartimos mesa el lunes 5 de julio a las 6 de la tarde en la Comisión de Derechos Humanos de la capital mexicana. En esa mesa dijimos que mientras dábamos esa charla había migrantes secuestrados, y no siete, dijimos cientos. CIENTOS. Y él asintió.

Es mentira que estén consternados los funcionarios centroamericanos que se han pasado el día dando conferencias de prensa sobre la masacre. Y si esa consternación es verdadera, importa muy poco. Ellos también lo saben desde hace mucho. Ellos nos han citado a los miembros de El Faro que hicimos la cobertura de migración en México a reuniones con Cancillería de El Salvador y Guatemala, con funcionarios del Sistema de Integración Centroamericana y de otras dependencias. Y nosotros dijimos y presentamos documentos que hablan de cientos de secuestros que ocurren desde hace años en esos lugares que tienen nombre por esa organización de delincuentes que tienen nombre. LOS ZETAS. Les dijimos que era una crisis humanitaria, que era una masacre, que había que pronunciarse al más alto nivel y ellos, cuando nos estrecharon las manos y se despidieron, dijeron que nos creían, que de verdad nos creían y que estaban rabiosos, horrorizados.

Y ahora dirán, los de El Salvador al menos, que han instalado dos nuevos consulados. Eso sí es verdad. Uno está en Arriaga y el otro en Acayucan. Pero es mentira que crean que esa es la solución. No lo creen o fue mentira lo que nos dijeron. Dijeron que sí, que entendían nuestro argumento de que un consulado es más una oficina administrativa que una oficina para esos otros casos, los casos de masacre, de secuestros, de violaciones. Dijeron que también creían que era al más alto nivel que tenían que levantarse las voces, que esto no requería el grito de un vicecanciller de salvadoreños en el exterior, sino de un presidente, de varios presidentes que ven cómo sus migrantes son asesinados en el intento de llegar a Estados Unidos.

Es mentira tanto titular en tanto medio importante, porque no han enviado a nadie a poner sus ojos de forma permanente en esa masacre constante. Es mentira, porque siguen creyendo que la señora exitosa que abrió una pupusería en Los Ángeles merece el mismo espacio en sus páginas de migración que el que le dan a un secuestro, a unas violaciones, a unas mutilaciones. O más bien, a las conferencias de prensa donde se habla de esos secuestros, de esas violaciones, de esas mutilaciones. Porque cuando se trata de embarrar solo embarran de tinta sus portadas, nunca sus botas ni a sus reporteros, porque no quieren embarrar sus billeteras.

Si se embarraran, si salieran de sus conferencias, si dejaran de asentir cuando dicen que creen algo para luego no hacer nada. Si dejaran de mentir. Supieran que desde Tamaulipas Los Zetas controlan todo un sistema de secuestro de centroamericanos.

Supieran que Los Zetas infiltran a centroamericanos en el tren para detectar a los migrantes que tienen familia en Estados Unidos, a esos a los que le sacan a tablazos los 500, 800, mil o hasta 5 mil dólares en secuestro exprés. Supieran que en cada estaca (y supieran que estaca se le llama a los comandos de Los Zetas) hay un carnicero (y supieran que los carniceros son esos hombres que cortan en trocitos a los migrantes por los que nadie responde y que después los meten en un barril y los queman). Supieran que ranchos como el rancho de San Fernando hay decenas en México y que en muchos hay cadáveres enterrados. Supieran que en San Fernando no hay periodistas que hablen de Los Zetas (ni en Tenosique, ni en Medias Aguas, ni en Orizaba, ni en Tierra Blanca, ni en Saltillo, y supieran también dónde quedan estos lugares) porque los matan.

Supieran que desde 2007 Los Zetas controlan desde Tamaulipas la ruta de los coyotes. Supieran que el que no paga muere y que aunque no se vean los cadáveres ahí están.

Ustedes no están sorprendidos, nadie de ustedes. Ustedes han montado esta algarabía para parecer sorprendidos. Ustedes son unos mentirosos. A ustedes ya se les va a volver a olvidar una masacre que empezó en 2007. A ustedes solo hay una manera de despedirlos: nos vemos en la próxima masacre.

* Cronista de la sección En el camino, autor del libro “Los migrantes que no importan”

Fuente: http://www.elfaro.net/es/201008/opinion/2333/

viernes, 23 de julio de 2010

Las tres mujeres del Presidente

José Merino/ El Economista

Se llaman Patricia Duarte, Luz María Dávila y Cinthia Salazar; tres mujeres del norte de México con algo en común: sus hijos perdieron la vida, y entre acciones u omisiones del gobierno y sus muertes, se puede dibujar una línea.

Tres mujeres que han confrontado a Felipe Calderón y le han pedido dos cosas elementales de la función democrática de gobierno: rendición de cuentas y justicia penal.

Este sexenio será recordado por muchísimas cosas, pero sin duda, entre esas cosas, estarán los vídeos de dos de estas mujeres frente al Presidente exigiéndole las certezas que su gobierno le ha negado a todos los mexicanos.

Patricia Duarte: justicia penal y responsabilidad pública

Andrés Alonso García Duarte, tenía casi 3 años y 5 meses cuando perdió la vida en la Guardería ABC. Sus padres, Patricia Duarte y José Francisco García llevan más de 13 meses buscando justicia; acciones de gobierno que les den la certeza de que entiende la dimensión de esta muerte; asume la responsabilidad que le toca; castiga a los responsables y garantiza que no volverá a ocurrir.

Así lo ha dicho Patricia frente al Presidente. Justicia es reparación del daño; sí, pero también justicia penal y modificación del marco normativo que permitió que 49 niños y niñas perdieran la vida.

¿Qué parte le toca al Presidente? Hay actualmente 17 personas detenidas; la mayoría funcionarios locales menores en Sonora. Los socios de la guardería siguen libres después de pagar una fianza millonaria, y no hay un sólo funcionario público de alto nivel que haya asumido culpa en el incidente.

Al Presidente le tocaba haber ido a Hermosillo el mismo día de la tragedia y dar la cara del Estado frente a los padres de 49 niños y niñas que perdieron la vida bajo su tutela. Le tocaba también distribuir responsabilidades entre sus colaboradores. La salida de los titulares del IMSS fue que en la guardería ABC no se violó ninguna normatividad; la conclusión es clara entonces: si bajo la normatividad actual pueden perder la vida 49 menores sin que se viole la norma; entonces la norma debe ser modificada y su no modificación antes de la tragedia es su responsabilidad.

El Presidente les negó a los padres y madres de la guardería ABC, y a todos los demás mexicanos, poder establecer una conexión entre la tragedia y las responsabilidades de su gobierno.

Luz María Dávila: ¿de quién es esta guerra?

Luis tenía 17 años, su hermano Marcos, 19; ambos estudiaban y trabajaban; sus padres laboraban en una maquiladora; eran parte de ese millón de ciudadanos de Ciudad Juárez que se construyen un futuro ahí donde todo se los niega.

Luis y Marcos acudieron a una fiesta en una casa en la colonia Villas de Salvárcar; ahí fueron masacrados por un grupo de sicarios junto con otros 13 jóvenes. Su madre confrontó a Felipe Calderón en su visita a Ciudad Juárez para pedirle algo aún más elemental: una explicación que le ayudara a entender la muerte de sus hijos; una razón para respaldar las acciones de su gobierno en Ciudad Juárez; una pista para entender que ella y el Estado estaban del mismo lado.

¿Qué parte le toca al Presidente? primero, una disculpa más clara después de haber catalogado, desde Japón, a los jóvenes como pandilleros. Segundo, implementar una política sobre las víctimas colaterales en el combate el crimen organizado, que no se limite a contabilizarlas. Tercero, permitirnos a los mexicanos asumir, sin cuestionamientos, nuestra posición al lado del Estado en la guerra contra el narcotráfico; un Estado que no informa, rinde cuentas, y da certeza jurídica a sus ciudadanos, es un Estado condenado a pelear solo.

Cinthia Salazar: derechos humanos.

Martín de 9 años y Brayan de 5 iban, junto con su padres, por la carretera que une Nuevo Laredo con Reynosa; perdieron la vida en un retén militar. Sus padres y la CNDH, después de una investigación, asignan la responsabilidad de sus muertes al ejército: las balas que los mataron salieron de armas del Estado mexicano.

Sedena presentó un informe atiborrado de inconsistencias en el que concluía que los niños fueron asesinados por sicarios que, Cinthia Salazar nunca vio, y así lo ha declarado repetidamente. El secretario de Gobernación salió a llamar a los defensores de derechos humanos, "tontos útiles" al servicio, involuntario, del crimen organizado.

Con los elementos informativos que tenemos, a Brayan y Martín los mató el ejército, y no ha habido, desde el Estado una acción clara y contundente, para asumir esa culpa o desmentirla.

¿Qué le toca al Presidente? Simple: acelerar y cerrar una investigación al interior de Sedena que permita atribuir responsabilidades; poco bien le hace a su gobierno y al Estado mexicano mantener a Cinthia, y al resto de ciudadanos, en un status quo en el que lo único que podemos concluir es que el ejército mató, trató de encubrir y puede salir impune.

... el tiempo que queda

Patricia Duarte; Luz María Dávila y Cinthia Salazar. 5 de junio de 2009; 30 de enero de 2010 y 13 de abril de 2010. Andrés Alonso; Luis; Marcos; Brayan y Martín. ¿A esos datos puede reducirse una administración y el rostro del Estado frente a sus ciudadanos?

Quedan 28 meses de la administración Calderón; apostemos porque en ese espacio, el Presidente nos permita finalmente apoyarlo y entienda que los ciudadanos tenemos un sólo lado: la ley... y que ahí mismo queremos ver al Estado.

sábado, 10 de julio de 2010

El otro, el verdadero futbol

Foto: Pet Bonet
Foto: Marco Trovato
Foto: Dieter Telemans
Foto: Samantha Reinders
Foto: Thomas Hoepker
Foto: Yuri Kozyrev
Foto: Brondon Thibodeaux
Foto: David Sauveur
Foto: J.B. Reed
Foto: Pet Bonet

miércoles, 7 de julio de 2010

Una de Bukowski

Conozco una mujer
que compra rompecabezas
chinos
piezas que al final
logra acomodar.
Lo hace con precisión matemática
resuelve todos sus rompecabezas
vive junto al mar
pone azúcar en el patio
para las hormigas
y cree
en el fondo
en un mundo mejor.

Su pelo es blanco
rara vez lo peina
sus dientes están torcidos
y usa enteritos amplios
sobre un cuerpo que la mayoría
de las mujeres quisieran tener.
Durante muchos años ella me irritó
con lo que yo consideraba
excentricidades
como poner cáscaras de huevo en remojo
(para alimentar a las plantas
dándoles calcio).
Pero cuando pienso en su vida
y la comparo con otras vidas
que parecen más interesantes, originales
y bellas
comprendo que ella hirió menos gente
que cualquiera que yo conozca
(y con herir quiero decir nada más que herir)
ella tuvo algunos momentos terribles,
momentos en los que quizás debí haberla
ayudado más
porque ella es la madre de mi única hija
y una vez fuimos grandes amantes,
pero ella se fue
como dije
hirió menos gente que cualquiera
que yo conozca ,
y si lo consideras así,
bueno, ella ha creado un mundo mejor .
Ella ganó.

Bukowski, Charles.

domingo, 2 de mayo de 2010

Dominatriz por un día

Ensayo fotográfico "La Caja de Pandora" de Susan Meiselas
Crónica de Margarita García Robayo

Dómina Sandra me descubrió enseguida. Creí que la despistaría con mi performance barato de extranjera intrépida, pero “ella sabe reconocernos”, dijo. La verdad es que todo fue mal desde el principio. Cuando pedí la cita por teléfono hice un papelón: me hice llamar “Betsy”, afiné la voz, me excedí en halagos hacia su “arte” y, lo peor: yo, que con un solo monosílabo que pronuncie en tierra porteña delato mi condición de extranjera, fingí un acento tan cursi que la secretaria, al otro lado de la línea, me dijo: “hablás como en las novelas, nena, ¿sos venezolana?” –su timbre entusiasta me hacía suponer que imaginaba a una escultural Caty Fulop del otro lado.

La primera cita fue un lunes a la una de la tarde: pleno invierno, leve retraso por piquete en el camino, un día bastante normal. Cuando llegué la puerta estaba entreabierta. Toqué el timbré.

–¡Si sos Betsy, entrá!

Era una voz exageradamente aguda que me hizo imaginar a una mujercita sílfide y chiquita. Imaginé a otras mujeres a su alrededor, vestidas de cueros y armadas de cadenas, que me esperaban para darme mi merecido: “A mamá mona con banana verde, no”, me retarían por querer engañarlas. Casi podía oírlas preparando sus implementos de tortura. Estaba probablemente en mi último instante de lucidez, tratando de hacerme las preguntas correctas: ¿qué hago aquí? ¿Hacia dónde corro? ¿Cómo sabe ella que no está dejando entrar a un ladrón, a un asesino, a un putifóbico? ¿Cómo sé yo que ella no responde a ninguno de esos perfiles? ¿Por qué decidí llamarme Betsy?

–¡Che!, ¿te querés congelar allá afuera?

Gritó de vuelta. Entré. La voz salía de un cuerpo enorme forrado en una bata hindú que reposaba en una sala oscura, como un Buda. La rodeaban estantes que exhibían productos que se vendían: ropa erótica, juguetes de SM (sadomasoquismo) y videos caseros con la marca de la Dómina. En una repisa había revistas extranjeras en las que la habían entrevistado y un libro llamado Diary of a mistress; en otra había doce pijas (penes) de silicona ordenadas por tamaño, y debajo un equipo de sonido viejo. Detrás de todo –vigilante–, una gran foto suya con antifaz, corsé y su mejor expresión de sádica. Me senté frente a ella, que se había mudado a un escritorio, y descubrí en la mesa una colección de muñequitos en miniatura como los que salían en los yupis. Cruce las piernas me saqué el abrigo, elevé la pechamenta y sacudí el cabello: para esta nota había decidido encarar el rol de chica mundana. La Domina miró atenta todos mi movimientos, luego se aclaró la garganta.

–Y bueno, contame, ¿por qué querés aprender SM?

Sentada en su trono, el ama empezaba a interrogarme.

–Quiero experimentar con mi pareja. Nos gusta jugar.

–¿Jugar a qué?

–Jugar, Dómina, tú sabes: esposas, aparatitos y así.

–Pero para jugar no te va a servir mi clase teórica. Lo que ustedes necesitan es imaginación. A ver, ¿cuáles son los miedos de tu pareja?

–¿Miedos?

La Dómina resopló y negó con la cabeza, impaciente.

–Che, Betsy, dejate de joder ¿Sabés qué? No te creo.

Me turbé un poco, cómo que no me creía, no entendí. Me acomodé la blusa, mostré un poco más de piel, afiné la mirada.

–¿No me crees qué, Domina? –dije, mirándola de frente.

Ella me sostuvo la mirada, se apartó un mechón de pelo de la frente. Luego levantó las cejas, como si esperara una respuesta de mi parte.

–Mirá, Betsy, a esta altura a mí ya no me engañan, vos no tenés ningún novio ni nada, vos querés trabajar en esto: se te nota a la legua.

Era un giro argumental perfecto, me cambié el chip de chica mundana por el de puta fina. Me toqué la frente con el dorso de la mano, intentando un gesto teatral bastante pobre.

–Ay, Dómina, ¿qué te puedo decir? Mis clientes me exigen este tipo de servicios, pero yo no sé hacerlos. Trabajo para una agencia de escorts, damas de compañía.

–Claro, me imaginé –ahora parecía más tranquila, casi aliviada. Levantó de la silla su cuerpo enorme, con una agilidad insospechada–; a ver, parate, dejame que te mire.
Obedecí. Y recordé mis épocas de pasarela en la primaria: guardar pancita, sacar cola, levantar mentón.

–Podés cobrar caro, pero tenés que aprender un montón. Vos escuchame, yo te voy a decir lo que tenés que hacer…

Así conseguí mi primera clase de SM en la prestigiosa Casona de Dómina Sandra, probablemente el ama que más sabe del tema en la Argentina. Esa tarde, después del incómodo preámbulo, Dómina y yo conversamos como viejas amigas. El colegaje recién surgido nos hizo abrirnos tanto que al final me costó distinguir si lo que nos unía eran las particularidades de nuestro oficio, de nuestro género o de la vida misma.

La famosa clase teórica era más bien un repaso por su vida: me dijo que empezó a trabajar a los dieciséis y que siempre le gustó humillar a sus clientes. Al principio no sabía que podía cobrar por eso, apenas se enteró se independizó. Ahora lleva veinte años con el negocio y hace servicios eventualmente. Cobra 200 dólares, el resto cobra 35, más o menos.
Después hablamos de cómo la crisis afectó el negocio. Los precios bajaron, aunque el volumen de clientes se mantuvo:

–…a los argentinos les gusta sufrir, qué sé sho.

La Domina me preguntó por mi historia personal. Improvisé: de Venezuela, mi supuesto país natal, me había ido a Panamá, porque allá podía cobrar en dólares.

–¡Pero Panamá es la meca del negocio, boluda! ¿Por qué no te quedaste allá?

Me saqué de la manga la carta de la empatía:

–Bueno, conocí a un cliente argentino que estaba de paso y…

–Uhhh, ¿nos enamoramos, Betsy? Está bien, a todas nos pasa.

Dómina Sandra se comportaba como una verdadera mentora, por momentos me daban ganas de abrazarla y darle las gracias; decirle que me perdonara por mentirle y jurarle que si en verdad fuera puta, nada me gustaría más que trabajar con alguien como ella. Tuve que recordarme varias veces que no era puta sino periodista y que estaba allí con una misión que, por el momento, me parecía un poco deleznable. Al final de nuestra entrevista, Dómina Sandra aceptó entrenarme en su agencia. Programó sesiones dobles con un Ama y una Esclava que me enseñarían lo básico para empezar a ejercer.

***

Era martes y tomaría un servicio con Sofía –el ama más experimentada después de Sandra– y una esclavita de ventipico llamada Maia. Sofía es rubia, de unos 40 bien llevados.
Fuimos primero a un salón con espejos donde guardaban disfraces de enfermera, mucama y otros; también había plumas y prótesis de nalgas y tetas. Las tallas eran enormes y pensé que sería una especie de templo de las cosas de Sandra; después Sofía me explicó que era la zona de los transformistas:

–Acá maquillamos a los maricas, les cumplimos sus fantasías. Hay algunos hombres a los que los excita la servidumbre, entonces se ponen el delantal y limpian la casa, los baños, la cocina, todo…
Sofía hablaba como si me estuviera dando una inducción:

–…al fondo está la habitación de torturas leves.

Era un cuartito con cama sencilla y sábanas azules donde se prestan servicios a sumisos no tan sumisos y a amos medio blandengues. Básicamente, me explicó, la usaban para “jugar y coger”.
Tanto Sofía como Dómina Sandra siguen una línea de oficio un poco fundamentalista. Ambas muestran cierto desprecio por el sexo en sí mismo: para ellas el SM no va necesariamente acompañado de una “cogida”; se diría que, como amas, caer en eso les parece una flaqueza.

La tercera habitación estaba al final de la casa. Docenas de instrumentos de tortura cuelgan del techo y las paredes. En una esquina había un potro –el que se usa para estirar las extremidades; en la otra esquina había una jaula y una cruz acolchada forrada en cuero: ésa se usa para crucifixiones.

–Y éste, querida –Sofía toma un látigo de los que están en la pared, sonríe orgullosa–: es nuestro verdadero escenario.

Entonces es cuando entra Maia, la esclava: una morocha flaca, de labios gruesos, botas de montar, una falda diminuta.

–¡Ahí estás, perra inmunda!

Sofía le grita y le pega un latigazo en las nalgas; ella se arrodilla y le besa los pies. El ama busca una soga y se la amarra al cuello:

–Esto es lo que tenés que hacer siempre de movida. Acordate que el esclavo es un perro.

Cuando quiere explicarme, Sofía baja el tono de voz y se sonríe como si me estuviera ofreciendo una degustación de quesos en el supermercado. Maia, desde el piso, también me mira.

–¡¿Y a vos que te pasa?! –le grita Sofía– ¿Te gusta la nueva? ¡Contestá, puta!

–No, ama –una vocecilla de duende sale de su boca enorme.

–¿Viste? –vuelve Sofía, la promotora de quesos–, todo lo que puede decir un esclavo es: “sí ama”, “no ama”. La clave en un amo es el maltrato y en un esclavo, la sumisión.

Ahora Maia tenía la mirada enterrada en el piso y Sofía le ordenó que me saludara. Ella se acercó y me besó los pies.

–¡Ajá! –Sofía la jaló por la soga–, ¿te gusta esa? ¿No soy suficiente para vos? ¡Puta pretenciosa!

Y empezó a pegarle con el látigo, primero suave, luego más y más fuerte. Pero Maia no decía nada.

–No se queja porque no le duele. La fuerza está en la mano, no en el látigo, yo hago movimientos rápidos para simular que le estoy dando fuerte, pero en realidad no. Ahora, si le doy así –sonó un latigazo más fuerte y Maia se corrió rápido hacia delante, como un conejo asustado–, es posible que le duela.

Afuera sonó el teléfono, Sofía se disculpó y salió a contestar. Maia aprovechó para levantarse y sacudirse las rodillas. Las tenía rojas, un poquito raspadas. Me preguntó si iba a trabajar en esto, yo asentí.

–Te va a gustar –dijo ella.

–¿A ti te gusta?

–Sí, me encanta.

–¿Te gusta más ser esclava o ama?

–¿Te gustan los hombres o las mujeres?

No entendí la consecuencia de su pregunta con relación a la mía. Pensé que las insinuaciones de Sofía nos estaban afectando.

–¿Qué? –dije.

–Si te gusta trabajar con mujeres está bueno ser esclava: son menos bruscas y pagan mejor.

Sofía venía de vuelta:

–Ah, ¿se hicieron amiguitas? ¡Al suelo, puta!

Antes de que Maia pudiera agacharse, Sofía la agarró como a un muñeco de trapo y la subió al potro. Le amarró las manos a los lados, le alzó las piernas y se las ató a la cabecera con una soga. Me dijo que me acercara y me dio unos ganchos. Y allí teníamos, en un primerísimo primer plano, la zona genital de Maia explayada y expuesta como un bife mariposa.

–Estos se ponen en los labios de la vagina; si es un hombre se los ponés en el prepucio. Igual con las agujas, pero acá solamente yo las pongo. Tenés que ser cuidadosa, porque si llega a salir algo de sangre se acabó todo. Con la sangre no se juega, ¿me entendés?

Fue lo más serio que dijo en el entrenamiento, me miró muy fijo, casi preocupada.

–Entiendo –le dije. Pero ella se quedó allí, unos segundos más, sin pestañear.

–¿Me recordás tu nombre?

–Betsy.

–Ok, Betsy, ahora vos vas a ponerle los ganchos a Maia.

La mano me temblaba, me aterraba causarle dolor, me aterraba ver eso frente a mí. Le enganché un par de ganchos donde me pareció que había más carne. Luego Sofía le quitó el corsé: tenía unas tetas diminutas, tetas frijolito de nenita.

–Ponele también ahí.

La imagen de Maia era la humillación total, y sin embargo me sonreía coqueta. Enganché dos ganchos más en los pezones. Ahora Sofía encendía una vela: la siguiente lección, dijo, era la lluvia de esperma.

–El secreto es sostener la vela muy alto, así, cuando cae el sebo en la piel ya no está tan caliente. Si el tipo o la tipa te piden más dolor, se la vas acercando.

Sofía bajaba la mano, Maia –o ese cachito de carne que yacía indefenso en el potro– cerraba los ojos y temblaba.

–¡Piedad! –gritó.

El ama Sofía retiró la vela y se turbó un poco. Parece que el grito de la esclava no estaba en el guión. Después se puso de nuevo la sonrisa y me dijo que la lección principal en todo esto era que había que respetar el pacto de la piedad:

–Si un esclavo te pide piedad, tenés que dársela. No podés seguir torturándolo, a menos que te lo vuelva a pedir. Todo esto se trata de construir relaciones más honestas.

Eso sí que era un gran aprendizaje. Algo que, en esta ocasión, a mí me dejaba por fuera.
Maia se bajó del potro; una lagrimita se le venía asomando, pero la reprimió. Sofía le ató las manos de un aparato que colgaba del techo, dejándola un poco suspendida. Se le puso en frente y se sacó una teta:

–Chupá, perra, ¿no me querés chupar?

–Sí, ama.

Sofía la jalaba hacia delante, por el pelo, y Maia sacaba la lengua tratando de alcanzarle la punta del pezón, pero no podía porque el ama se alejaba:

–¿Entonces, idiota, por qué no me chupás? –le decía. Después de volvió a hacia mí, aún con la teta afuera, y derramó una nueva lección:

–Todo está en la cabeza, Betsy. Al esclavo lo tentás con algo que sabés que quiere pero te asegurás de que no lo pueda tener. Es como cuando lo encerrás en la jaula y lo provocás. El pobre sufre, porque quiere salir y no puede. Y ahí está el placer de la tortura.

–Claro.

***

El miércoles me mostraron la cruz, que tenía un mecanismo de castigo bastante parecido al potro. Iba quedando claro que el ingenio de la tortura lo ponía el torturador. En cada aparato el ama va improvisando, sumando ayudas como pesas, ganchos y grilletes en los genitales. También se suelen usar vibradores.

–Dos cosas, Betsy –hoy Sofía llevaba el pelo recogido y un jean que debió meterse con vaselina–: el objetivo de los grilletes en el pene es que al tipo le duela cuando se calienta. Vos se lo ponés cuando está caído, y empezás a excitarlo, lo toqueteas allá y acá, le mostrás la tetamenta, lo calentás.
Sofía toqueteaba a Maia crucificada. Maia parecía disfrutarlo. Yo, cada vez más, me sentía en una versión tristísima de Vampiros lesbos.

–Y cuando lo tenés caliente: ¡chaz! El tipo se encuentra con que no se le puede parar porque el grillete se lo impide.

Sofía agarró un vibrador con la mano izquierda y con la otra lo recorrió de arriba a abajo: como las modelos en los programas de concurso.

–Lo otro que no tenés que olvidar es que a todos los hombres, absolutamente a todos: les gusta que los penetren.

Lo que pasó a continuación, sin grandes aspavientos, fue que Sofía le inyectó el vibrador a Maia por atrás: metiéndolo y sacándolo con furia como si limpiara un biberón muy sucio. La esclava gritaba de supuesto dolor; se mandó una performance digna de película porno en horario vespertino. Y yo, por primera vez, me aburrí mucho mirándolas. A veces, lo más brutal, es también lo más pavo.

***

El jueves era la clase práctica, empezaríamos midiendo mi resistencia. Sofía traía un látigo, yo pocas ganas de ser maltratada.

–Ponete de culo, Betsy. Yo voy contando hasta diez y vos me decís hasta dónde resistís. Uno, do…

–¡Piedad! –grité.

–Vamos, no seas maricona, otra vez: uno, dos, tr…

–¡Piedad!

Y así sucesivamente, hasta que al sexto intento:

–…ocho, nueve, diez. ¡Bien!

La piel me ardía un poco, luego la sentí adormecida. Sorprendentemente, el dolor no era tanto. Pensé que quizá lo más excitante de esta práctica no estaba en la sensación física, sino en el miedo, en la espera tortuosa. Se suponía que en esos momentos uno producía tanta adrenalina que cuando por fin llegaba el golpe el cuerpo estaba anestesiado, entumecido por los nervios.

Después siguieron unos tips. Sofía habló de los límites:

–Acá se puede hacer casi todo. Los fetiches son bienvenidos: la lluvia dorada pasa, pero la lluvia marrón no. Eso es una chanchada, y ninguna de las chicas lo acepta. Está en cada quien poner esos límites, pero si vas a trabajar en una agencia preguntá antes que nada cuáles son las políticas, no sea que un día un cliente te salga con una sorpresita.

Recordé una foto que vi en el salón de un tipo vestido de caperucita roja, agachado sobre el torso de una esclava. No quise más detalles.

–…hay cada loco, nena, hemos tenido que sacar a tipos en bolas a la calle porque la chica pidió piedad y siguió pegándole. Hemos tenido que llevar a chicas al hospital, intoxicadas, porque un hijo de puta las hizo tragarse su mierda. Locos, che, hay muchos locos.

Por esos días había estado en la casona un inglés que va cada vez que visita Buenos Aires. El tipo tiene su esclava en Londres, una que se compró acá, según Sofía. Y siempre toma servicios con las amas más experimentadas, porque así aprende qué cosas nuevas hacerle a la esclavita que se importó. Sofía me insistió en que los ingleses eran los mejores clientes, solían ser bastante experimentados y conocían muy bien los códigos del oficio. Y, lo mejor: les encantaba ser esclavos.

–¿Sabés inglés, Betsy?

–Me defiendo.

–Yo también me defiendo, pero para cuando no sepás qué decirles a estos tipos que no entienden nada de castellano, la mejor técnica es contarles Blancanieves, pero en mal tono, como enojada, ¿me entendés? Algo así –Sofía se despeja el pecho con una tos seca–: había una vez una niña blanca como la nieve, que era… ¡ una completa hija de puta! ¡Fuck you! Espejito, espejito pelotudo, ¿quién es la más perra del universo? ¡Shut up! ¡Anda a cagar, enano puto! ¡Biiiitch!

Al final de esa misma tarde, vino lo más divertido de mi instrucción. Dómina Sandra me preparó algo así como un kit para dominatrices principiantes: un látigo: US$40; un conjunto de muñequeras, tobilleras y collar: US$52; una palmeta de madera: US$15; un corsé: US$75; un par de falditas de vinilo: US$40; botas: US$130. Me convertí en un maniquí: me quitaban y me ponían corsés, faldas, pelucas; me hacían tomar el látigo, moverlo y mirarme al espejo: practicar. No importa cómo se vea uno, pero el cuero te hace sentir sexy: el olor, la textura del vinilo en la piel, las varillas del corsé asfixiándote un poco, los gorditos aplastados, el busto a punto de explotarse: todo es un exceso.

–¡Este es tu corsé!

Sofía salta cuando me ve en el espejo transformada. Después de lo que le costó abrocharlo, el resultado tenía que ser satisfactorio:

–Betsy ¡sos una diosa de vinilo!

Qué fácil me convencieron: me dieron ganas reales de comprarlo todo. Me miraban extasiadas, como contemplando una nueva obra, o al menos así me sentía yo. Quizá ellas solamente iban sumando el valor de todo lo que tenía puesto. Si esta historia hubiese continuado, mi inversión en vestuario y accesorios habría sido de unos cuatrocientos dólares. Me cambié y les dije que vendría por todo apenas mi jefe me diera el dinero para comprarlo. Ellas me acompañaron a la puerta y se despidieron cariñosas. Yo le eché un último vistazo a la casona, Betsy no volvería.

***

Lo último que supe de la Domina vino en un par de mails que llegaron a la dirección de Betsy un par de meses después de mi última visita. El primero anunciaba su cumpleaños el 20 de agosto, y el segundo decía que debido a la cantidad de preguntas recibidas sobre el tipo de presentes que deseaba el Ama, se proponía dar una cuota para comprarle un equipo de sonido. Los correos terminaban con la frase: “Es más difícil hacer durar la admiración que provocarla”. Decidí que le mandaría una nota de felicitación y un CD de la orquesta Guaco, de Venezuela, para que lo escuchara en su nuevo equipo. En la nota, además, le explicaría que por razones de conveniencia económica me había regresado a Panamá; le mandaría besos a Sofía y a Maia y le diría que la admiración que les profesaba era más que perdurable, eterna… O algo así, bien de esclava. El episodio de los correos me hizo recordar esa última vez en la casona: el par de dóminas en el umbral de la puerta velándole el camino a otra hija emancipada. Pensé que esas mujeres se tomaban en serio su trabajo y que yo era una porquería de persona por engañarlas así. Alguien me diría, el editor de Soho probablemente, que yo también estaba haciendo mi trabajo y que tampoco era que les hubiera causado ningún perjuicio. Y yo fingiría tranquilizarme con eso, pero por dentro sufriría, entraría en una nueva fase de tortura inflingida por mi cerebro y cada tanto tendría el impulso desquiciado de volver a la casona, bajar la cabeza y pedirle perdón a las dominas. Por suerte terminaría convenciéndome de que esa era una pésima idea, porque ante un par de amas ese gesto de sumisión sólo podría ser interpretado como la súplica por un castigo. Y yo no quería eso, claro que no.

Nota: varios meses después de publicada esta nota, Dómina Sandra murió de un paro cardíaco. Nunca tuvo oportunidad de leerla, por supuesto, tampoco era la idea. La noticia de su muerte me llegó en otro mail y esta vez sí llamé por teléfono para confirmarla. Me contestó Sofía y me dijo que era cierto, y que la Dómina había muerto en ejercicio.

Fuente: http://aguilashumanas.blogspot.com/2010/03/dominatriz-por-un-dia-margarita-garcia.html


La Caja de Pandora

sábado, 17 de abril de 2010

CUANDO EL PERIODISMO MATÓ A LOS REPORTEROS GONZO

Foto:Hunter S. Thompson

Por Abelardo Muñoz

Piensa, tronco, en una redacción de nueva planta, pongamos que un diario gratuito, con una media de veinte licenciados de los que el más viejo no pasa de las 23 primaveras. Míralos, cabizbajos y ciegos ante el parpadeo incesante de la pantalla; buscan información para cortar y pegar en el papel del día siguiente; sin mirar por la ventana (la única ventana está en inglés y es el sistema) y sin ni siquiera atreverse a tirar los tejos a la becaria de al lado, que, dicho sea de paso, está muy buena. Esos pavos, más parecen telefonistas de un centro comercial que periodistas al uso.

Información como ficción

A estos chicos ya solo les faltan los manguitos y la visera de los viejos reporteros del siglo pasado en los años 30. Vivimos tiempos en los que la información y la imaginación están reñidas, al límite. Se enseñó en las escuelas que la información no puede ser un cuento, que nada tiene que ver el periodismo y la literatura; y mira por donde, el amarillismo y la especulación se ha colado en los medios por la puerta falsa. Y ahora, ¡oh paradoja!, el futuro del oficio depende de la capacidad de hacer información con técnicas de ficción. Es decir, no solo escribir de lo que se sabe sino escribirlo bien; en plan literario, y sobre todo, atractivo para el lector de periódicos, que hoy es un humano del planeta global, cada vez mas mezclado, interracial, e informado. Es una vuelta a la uniformidad. Esas nuevas redacciones han perdido la alegría y no solo las del papel gratuito, las comerciales mas de los mismo, o peor. Como cuando la tercera extinción, asistimos no solo al calentamiento sino a la globalización de la mediocridad informativa. El culto a las medias verdades que genera sociedades hipócritas y de doble rasero. Sociedades que toleran la injusticia. Cómplices a la fuerza de la barbarie del agresivo mercado global. Bien, esos chicos y chicas están ahí. Han acabado la carrera que les ha costado un huevo y no saben a que atenerse. Como novillos salidos del chiquero, aleccionados malamente por una universidad confesional, tipo CEU San Pablo, del Opus Dei. Muchachos y muchachas que reciben una suerte de contra información, algo así como hacer periodistas para reforzar el poder de la elite dominante. Profesionales huérfanos de criterio y cortados por el mismo patrón para integrarse en un mercado de trabajo mas bien cutre. Se acabaron los tiempos de las redacciones vivas y divertidas donde el cronista mas viejo sacaba una petaca de scotch del segundo cajón para animar el cierre o de golpe, podías verte entrar en la nave del diario, en medio del estruendo delicioso de las olivetti, a una troupe circense, con oso incluido, de la mano del crítico de arte, para regocijo y alegría general. Ahora, el periodista tiende a ser abstemio y lo único que sigue inmutable, entonces y ahora, es el mísero sueldo de la profesión. Por lo demás, no me bajareis del burro, se ha perdido la alegría. Ahora, amigos, y gracias a la red de redes, escribir un artículo es como fabricar embutido. Una redacción se ha convertido en un trasunto del escenario chapliniano de Tiempos Modernos (demoledora y cachonda crítica al capitalismo, del gran Charlot). Si antaño, desde los tiempos de la invención del reporterismo aventurero y gonzo, (termino utilizado en NYC por los nuevos periodistas de los años 70 del pasado siglo) por mor de amarillo (leer la desternillante novela Scoop de Evelyn Waugh) el reto era la audacia, en el siglo XXI parece pintar todo lo contrario. El desafío es ser el mas dócil para mantener el puesto. Los imperativos depredadores del mercado capitalista crean tal inseguridad laboral que el estado mental habitual del reportero es el pánico. Y para ser dócil hay que estar enganchado a la información de Internet, que maneja fuentes desconocidas pero es más cómodo que salir a la calle y buscarse fuentes vivas. Y conviene puntualizar, con Allan Watts, que no es hostilidad antitecnológica sino exigencia de una utilización racional y al servicio del pueblo de la tecnología y el ciberespacio lo que echamos en falta, y no de los espúreos intereses de las grandes operadoras o compañías telefónicas.

Los malos de la película

Y ya que estamos con las compañías, entramos en el periodismo tabú que impone la autocensura al mundo de la imaginación y la libertad de pensamiento. Fernando Castelló, presidente de Reporteros Sin Fronteras y profesional experimentado en las batallas por decir la verdad de manera hermosa, sentencia: “jamás se debe olvidar que la libertad de expresión está limitada por la publicidad”, o sea, la mano que da de comer a los periódicos. Ignoro si en las escuelas de periodismo se advierte de eso a la peña que quiere emular al gran Leguineche y se proporciona una lista de las compañías intocables porque aportan dividendos. O los compromisos de los grupos mediáticos, sean estos progresistas o pleistocénicos, con las superempresas. Pero ni grandes superficies, ni bancos, ni consorcios, ni órganos de poder tipo diputaciones o fundaciones. Nada de tocarlas con informaciones molestas para sus intereses. Eso es periodismo tabú. De manera que ya tenemos a esa tropa alineada en una redacción sin música y silenciosa como un refectorio. Una redacción en la que el sordo rumor del tecleo de los currantes suena como una maldición. Como aquella oficina siniestra de La Codorniz (publicación humorística y único medio que se cachondeaba sin miedo de la dictadura del traidor Franco en los años 50 y 60). Pues ya tenemos el escenario propicio para un periodismo dócil y que no moleste el poder. Light como una coca desventada y aburrido cual serial radiofónico de los 50. Imaginad, peña, un mundo mediático donde los currantes son zombis cibernéticos que entran a la fábrica de artículos (podría ser de sobrasadas o morcillas) en una producción en cadena que podría ridiculizar el Chaplin en una versión de Tiempos Modernos, como quedo escrito más arriba. Con todo, lo que podríamos llamar el espíritu Bruce Chatwin o Scott Fitgerald, (escritores, periodistas y viajeros que siempre fueron por libre, sin nómina, aunque acabaron mal), la filosofía del reporterismo gonzo, que impulsaron aquellos kamikazes norteamericanos como Capote, Wolf o Mailer, no morirá. El día que el oficio de informador deje de ser un revulsivo, el periodismo habrá muerto.

Fuente: http://www.revistabostezo.com/detalle_texto.php?recordID=7

· El Periodismo Gonzo es un estilo de reporteo que plantea un acercamiento directo a la noticia, incluso, hasta el punto de influir en ella. También suele imprimir más importancia al contexto que al texto; da preponderancia al ambiente en que ocurre tal hecho, por sobre el hecho mismo. El término se usó para describir el estilo narrativo del periodista y escritor estadounidense Hunter S. Thompson, agudo observador de la decadencia del estilo de vida americana. Thompson se suicidó en febrero del 2005 a los 67 años de edad.

Nada es tan inmaterial como la realidad

Fotografías: Eliseo Gaxiola Aldama

domingo, 11 de abril de 2010

LA CORRUPCIÓN ES LA MADRE DEL NARCOTRÁFICO

En la mayoría de los países del mundo, se fiscaliza la marihuana como si fuera igual que el opio, la heroína o la cocaína. Y esto sucede porque Estados Unidos logró prohibir la fibra más importante del planeta desde los 60s, haciendo que el resto del mundo marchase con esta política prohibitiva, sin cuestionarla.

La categoría de “droga” es muy amplia e implica el principio que activa un medicamento y pueden propiciar alguna forma de adicción biológica. Medicinalmente, la marihuana está categorizada dentro de las “drogas suaves”, con riesgos limitados para la salud, categoría que incluye: el té, el café, la yerba mate, el cacao, las hojas de coca sin procesar.

Para que el lector se de una idea de la campaña desinformativa y del estigma social de la marihuana en México, es necesario conocer la versión oficial. En abril pasado Notimex informó que, “el titular del Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic) de la SSA, Carlos Rodríguez Ajenjo, añadió que legalizar el uso de ese estupefaciente aumentaría su consumo, provocaría un problema de salud pública y generaría violencia social.”; ahora veamos la más antigua evidencia científica.

En 1939, Fiorello LaGuardia, mayor de Nueva York, fue el primero que retó la propaganda del departamento del tesoro y el buró de narcóticos, sobre la marihuana como “causante de crímenes, asesinatos, violaciones y la destrucción de los valores morales y de la juventud”. LaGuardia fundó una comisión de 31 científicos que realizó un estudio de 6 años y demostró que: “Fumar marihuana no lleva a comportamientos violentos y antisociales… no causa deseos sexuales incontrolados… ni altera la estructura básica de la personalidad”.

La investigación fue realizada por la Academia de Medicina de Nueva York entre 1939 y 1945. Hace más de medio siglo que se sabe científicamente que: “La práctica de fumar marihuana no lleva a la adición en el sentido médico. El uso de la marihuana no lleva a la adicción de la morfina o heroína o cocaína. La publicidad concerniente a los catastróficos efectos de fumar marihuana no tiene fundamentos.” -La Comisión LaGuardia.

Contrariamente a las investigaciones de la La Comisión LaGuardia, “Rodríguez Ajenjo insistió en que se carece de evidencia científica y clínica para determinar con precisión dosis y los efectos positivos de la marihuana en la salud.”, pero, de acuerdo a los principios del estado de California, los usos médicos propuestos para la legalización de la marihuana que cuentan con -pruebas bien documentadas- sobre los efectos médicos, se relacionan al control de la náusea causada por los fármacos para el cáncer, el sida, y en el aumento del apetito y de peso en los pacientes con sida. Las pruebas de los beneficios “no tan contundentes” se relacionan a la mejora del glaucoma, el alivio del dolor de la artritis, de la esclerosis múltiple; de los espasmos musculares y el malestar de los enfermos terminales. Los beneficios atribuidos y con pruebas “no concluyentes”, incluye el aliviar la fatiga crónica, provocar la alteración del estado de ánimo, y la modificación de la depresión, el estrés y la ansiedad.

Jeanette Becerra Acosta nos informa que, “Un documento científicamente avalado en EU y Europa, se resalta los últimos descubrimientos entre 2000 y 2008, y se enumeran más de una docena de indicaciones clínicas para enfermedades en las que el uso de cannabis es definitivamente una opción: entre ellas esclerosis lateral amiotrófica, dolores crónicos, diabetes, distonía, fibrosis, desórdenes gastrointestinales, glicomas, hepatitis C, sida, hipertensión, incontinencia, resistencia a la metacinilina, esclerosis múltiple, osteoporosis, artritis reumatoide e insomnio”.

Canadá es el primer país del mundo en tener un sistema legal para regular el uso médico de la marihuana. Las personas que declaradas enfermas por médicos y reciban un permiso del gobierno, usan marihuana de manera legal. Sin embargo, la producción comercial y la venta de la planta para uso no médico seguirá siendo un crimen por presión de Estados Unidos. Y a pesar de que en México se ha “legalizado” el uso personal de las drogas, ¿quién se atrevería, para aliviarse el estrés, fumar marihuana públicamente?

Según casos registrados a lo largo de la historia y en documentos recientes, la cannabis es un buen remedio para combatir el síndrome de abstinencia causado por la dependencia a benzodiacepinas, opiáceos y alcohol. Por esta razón, algunos han hecho referencia a ella como “la puerta de salida de las drogas”, pero sin ofrecer ninguna prueba científica, Rodríguez Ajenjo insiste en hacernos creer que se ha “demostrado” que la marihuana trae efectos negativos para la salud mental y el funcionamiento, según él: “ no se complementa el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso central, se altera la destreza de conducir y se provocan graves accidentes automovilísticos.”

Los principales causantes de muerte en el mundo, son drogas legales como el tabaco y el alcohol. Y la gran mayoría de delitos y accidentes en México, se producen bajo estados de ebriedad, después del consumo de enervante lícitos. En México, no hay campaña que nos diga: El alcohol es la puerta a las drogas o que la multa que paga a México, la tabacalera norteamericana Phillip Morris, para “el tratamiento de las enfermedades pulmonares”, es deducible de impuestos.

Michael Lynskey, profesor de psiquiatría, Universidad de Washington opina que, “a menudo se supone, de manera implícita, que el vínculo entre la cannabis y otras drogas es, de cierta manera, farmacológico y que el uso de marihuana altera el cerebro o provoca deseos de consumir otras drogas. Pero existen otros posibles mecanismos, incluido el acceso a las drogas, el deseo de violar la ley, y la probabilidad de practicar conductas de riesgo”.

Pedro C. Baca informa que en estudios médicos, “[la marihuana] también ha demostrado eficacia en ciertos casos de dolor crónico, prurito (comezón intensa), calambres menstruales y depresión. Una investigación efectuada el año pasado por el científico británico Alan Thompson y su equipo del Instituto de Neurología de Queens Square, de Londres, estableció que los compuestos de la marihuana `podrían tener una función protectora para el cerebro y retrasar los efectos degenerativos asociados a la edad.”

Ante la evidencia científica, la asociación de la marihuana al crimen organizado y desorganizado, es consecuencia de las leyes prohibitivas que han relegado la cannabis al mercado negro y ahora, los estados amenazados por la corrupción del narcotráfico, buscan controlar a su beneficio, las redes de distribución mediante la guerra civil.

Los consumidores no se acabarán. Lo sabemos, la alteración de la conciencia es qua si non del humano, particularmente en tiempos de gran insatisfacción y crisis. Culpar a las adicciones y los usos contraculturales por el narcotráfico, no tiene sentido. Es evidente que la marihuana no produce criminales ni su consumo facilita el crimen. El periodista más destacado de Tijuana, Jesús Blancornelas, en su último libro “El Cártel”, nos aclara el misterio: “La corrupción es la madre del narcotráfico”.

Fuente: http://elzorro.me/?p=1051

sábado, 10 de abril de 2010

Se robaron el río Bambuto


Eliseo Gaxiola Aldama.

A unos 24 kilómetros antes de llegar a Nogales, atrás del campo de almacenamiento de la planta de gas, “La Gasera” como le dicen los habitantes de la colonia agrícola ganadera “El Cíbuta, a un ladito del Rancho “El Represo”, bordeando el camino de tierra, casi a la entrada de la intrincada red de caminos vecinales que van a dar a donde sólo los rancheros saben, hay un represo que alimenta a exclusivas tierras de cultivo y fraccionamientos campestres “residenciales”. A este represo también lo rodean historias de enojo, corrupción y 180 mil dólares
“Haz de cuenta que lo que quedaba del río Bambuto se lo robaron de un día para otro y el Distrito de Desarrollo Rural número 140 ni cuenta se dio”, dice Luís Fernando Soto Corral resumiendo la historia.
“Lo que quedaba del río Mambuto” se dice porque a finales de la década de los ochenta del siglo que pasó, el Río Bambuto bajaba (feliz, califica Luís Fernando) de la Sierra Guacomea, arriba del Saric; corría hacia el sur: Cumeral, Cíbuta, Imuris, Magdalena. Cada trecho, antes de llegar al mar, cambia de nombre: Bambuto, Babasac, San Miguel.
Pero llegó el acuaférico, y con esto agua para los, en aquel tiempo, 300 mil habitantes de Nogales y su consolidada industria maquiladora.
Y también llegó la sequía a la Colonia Agrícola y Ganadera “El Cíbuta” creada el 10 de septiembre de 1941, mediante decreto expropiatorio con una superficie inicial de 25,803-76-46 hectáreas divididas en 38 lotes.
La sequía dio al traste con las tierras de cultivo; Los 38 lotes originales se han subdividido para dar paso a desarrollos de fraccionamientos campestres residenciales.
Pero aún quedan colonos que se aferran a la actividad ganadera, que conservan su historia, que respetan sus tradiciones y luchan por “lo que quedó del Río Bambuto”.



II
“Después del acuaférico el Bambuto se convirtió en un río de aguas de temporal, pero por debajo de su lecho corre mucho agua”, sostiene Luís Fernando Soto Corral. Y tiene razón, el 60 por ciento de la dotación de agua para Nogales viene de sus mantos freáticos.
Esta vastedad de agua subterránea de nada les sirve a los colonos ganaderos: “Sale muy caro extraer, bombear el agua… dependemos de las aguas de temporal”, afirma Soto Corral.
Y es aquí donde entran en esta historia Raúl Castillo Corral, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), el Distrito de Desarrollo Rural 140 ubicada en Magdalena y la Tercera Agencia Investigadora del Ministerio Público en esta frontera.
“Esta temporada nevó mucho, las nevadas fueron muy intensas y el río bajó con agua pero Raúl Castillo Corral desvió el curso del río hacia el represo que tiene a un lado de su rancho… El agua la vende a los desarrolladores de los fraccionamientos campestres… Luego averiguamos que se le dio un pago de 180 mil dólares para abastecer de agua a los fraccionamiento y a tierras de cultivo de personas con mucho poder”, sostiene.
Quiénes son esas personas de mucho poder, se le pregunta; se rehúsa a dar los nombres “las autoridades saben quien son”, contesta.
Dice que ante esto los colonos se organizaron y contrataron los servicios de un abogado.
“Primero se pidió a CONAGUA si existía autorización para desviar y embalsar las aguas superficiales… respondieron que no”, asevera
“Pusimos una queja formal en la Comisión y hasta la fecha no hemos tenido respuesta”.
Luego se iniciaron en su contra las amenazas, intimidación, disparos de arma de fuego y la parcialidad de la tercera agencia del ministerio público.
“La noche del 27 de febrero Raúl Castillo llegó al rancho disparando y amenazando de muerte si continuábamos con la denuncia ante CONAGUA. Fui a la segunda agencia y denuncié los hechos que demostré con los partes policíacos ya que la policía municipal y la estatal investigadora acudieron esa noche en mi ayuda… pero a los días resultó que la agencia tercera del ministerio público andaba detrás de nosotros”
“Tuvimos que ampararnos y levantar una queja ante la representación en Nogales de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, la queja s se puso a nombre del licenciado Alberto López el 8 de marzo”, afirma.
“Parece que ya entendieron, por lo menos ya el ministerio público se echó pa´tras “
“Ahora estamos esperando la respuesta de CONAGUA a nuestra petición”, dice y asegura que ante la tardanza del organismo para darles respuesta a sus peticiones optaron por acudir al quinto juzgado federal a interponer un amparo para que la CONAGUA de tramite debido y formal respuesta relativa al permiso otorgado a Raúl Castillo para aprovechar aguas nacionales dentro de las coordenadas LN 31 08’ 30.98” y LW 110 57’15.20.
“Mientras tanto, señala por último, le está apostando a que el asunto se enfrié para seguir cometiendo el despojo de las Aguas Nacionales...considerado como un delito federal”

El PODER DE LA IMAGEN


jueves, 25 de marzo de 2010

Bitácora Visual de Elisa Perea

NY…

La ciudad del “where are you from?”, se refieren a ella como la ciudad que nunca duerme, yo la he visto dormir pero con los ojos abiertos, cada barrio tiene su historia, olor, raza, música… celebración.

Cada tren tiene su club de lectura, Garcia Marquez, Paul Auster, Cohelo, La Biblia, Tv Guide… cada vagón con distinta conversación, dirección, idioma…y a veces coincidencias…

Un museo al aire libre que se ha dejado querer y odiar por tantos y miles…

Una escuela de vida…. (Elisa Perea)

viernes, 12 de marzo de 2010

Con ojos cerrados y oídos abiertos… Exposición pictórica de Juan Pablo Chipe en NY.

Por: Elisa Perea.

New York.- El pasado 2 de marzo, en la ciudad de New York… la obra de Juan Pablo Chipe fue exhibida en la Galería Jadite de Manhattan.

Fondos negros, imaginarios con ojos cerrados y un desfile de animales fueron parte de los motivos visuales que Chipe presentó a la comunidad de una ciudad que duerme con los ojos abiertos.

El romance aburrido (romance is boring) entre un sapo y un hombre de saco amarillo, la sensación de movimiento entre dos rostros con la fuerte presencia de un rinoceronte frente a ellos… Un hombre rico (rich) con un gallo cubriéndole la espalda…. Y un abrazo que desaparece entre una niña y un ganso (We’re gonna rise)…

La armonía de los títulos para cada obra (inspirados en títulos de canciones), ofrece un incentivo más a la imaginación del espectador que se deja sumergir en ella.

Juan Pablo Chipe, una mente creativa que viaja, muestra y es reconocida a través del mundo.

miércoles, 10 de marzo de 2010

EL ROCK: LA REVOLUCIÓN QUE NO LO ERA

Por Juan Camilo Herrera C.

«La necesidad de pensar las dimensiones nuevas de la cultura ha dejado de ser dominio de especialistas para convertirse en reto de visionarios que no temen insertare en las prácticas ‘impuras’ de la cotidianidad». (Jesús Martín Barbero, «La Modernidad ha comenzado a hablarnos…».)

Todas las revoluciones terminan en filas de gente uniformada. Ese inevitable espíritu de cohesión que despiertan estos cambios siempre resultan en períodos de homogeneidad cultural, como si la fe en las premisas revolucionarias fuera lo único que nos mantiene aferrados a la dignidad humana, lejos de una animalidad caníbal.

El eterno ceño fruncido de Kundera cayó como una cortina sobre algunos dejos de frivolidad en el Verano de Praga. Lánguidas jovencitas (prototipos de la actual supermodelo) arrojaban cocteles Molotov a los tanques, primorosamente vestidas con los colores de 1968 y la rabia anquilosada de una juventud que despertó con resaca en la Modernidad, sin recordar muy bien qué estaba haciendo antes. «La insoportable levedad del Ser» nos ofrece pequeñas diapositivas (casi radiográficas) de la inercia que acompañó a estas revoluciones.

La juventud en Praga (ayer, hoy) tiene ese dejo de rabia sofisticada, de terroristas que corren contra el reloj del Juicio Final. Tristemente, el resto del mundo es incapaz de conjurar revoluciones y tendencias sin caer en falacias o períodos interminables de mal gusto.

Casi diez años después, en Londres, los medios tradicionales avalaron grupos que, sin estar adheridos a la premisa ‘punk’, se apropiaban de sus expresiones regulares. Orchestral Maneuvers in the Dark (OMD) usaba sintetizadores y canciones pegajosas en tónica New Wave para introducir subrepticiamente mensajes de propaganda republicana y conservadora. Extrañamente, siempre hay respuestas «reaccionarias» a cada manifestación cultural incipiente, un tipo irrisorio de control.

Juego chistoso de lobos esteparios que no pueden renunciar a la vanidad y revoluciones de oropel…
Es casi inmoral la forma en la que los medios hegemónicos se aprovechan de las manifestaciones culturales ‘underground’ para evocar un halo revolucionario con cierta ingenuidad. Nos dan cucharadas de cotidianidad disfrazadas con discursos parafraseados. No puedo justificar, de otra forma, que «I Fought the Law» de The Clash suene en un comercial de camionetas o que todas las cortinillas comerciales de MTV o VH1 tengan música de grupos «independientes» que no tienen ningún tipo de rotación en estos canales.

El rock nunca fue una revolución. Eso sería afirmar que las películas de terror son manifiestos izquierdistas. La sagacidad mercadotécnica consistió en transformar (gracias a Dios–sabe–qué aparato retórico) «intensidad» en la palabra «revolución». Pan y circo con un tufillo ideológico: otra revolución de gente uniformada en filas (para entrar a un concierto de los Beatles). No todo grito es una consigna anti–burguesa.

La proto–investigación de mercadeo encontró que la música negra resultaba mucho más estimulante que el country o el folk. Crearon varios tipos de íconos medianamente aceptables con los que la juventud americana podía identificarse (jóvenes de la posguerra, blancos, con algún poder adquisitivo, trabajos de medio tiempo, entornos represivos…), imitaron las cadencias más frenéticas del blues y las filtraron a través de algunas convenciones culturales blancas.

Un grupo de personas encontró un nicho comercial. No existe mayor diferencia entre un LP de los Yardbirds y un collar de taches comprado por Internet en Hot Topic. Existe arte y contenido en el primero, un poco de ideología e irreverencia en el segundo… pero, indiscutiblemente, ambos nacen de esta premisa de revolución paga.

No veo dónde está la revolución. Hubo más vanguardia y pelea en el jazz o en el folk.

El rock ha sido esa voz que dice «te entiendo», sin mucho interés o empatía. ¿Me opongo a eso? No. Soy de la misma raza de lobos esteparios que no pueden abandonar el confort de la vida que conocen. El rock fue una alternativa a los discos de Julio Iglesias que mi padre apiló en vida y la música tropical que flota en el aire como la radiación de Chernobyl.

Más que una revolución o una invitación a abandonarlo todo, fue algo que me hizo sentir menos alienado. Pero, a medida que envejezco y me vuelvo más duro de oído, me doy cuenta de las imposturas que di por sentadas y que aún hoy en día la gente se traga.

Quizá por eso las revoluciones en el resto del mundo terminan en filas de gente uniformada: para disimular que no hay nada nuevo y que todos los conceptos son reciclables.

* Juan Camilo Herrera Castro, víctima de un síndrome incurable que lo hace ser bogotano, nació un 15 de noviembre de 1981. Tras años de éxitos y fracasos tan académicos como profesionales, ha dedicado su vida a construir puentes para que sus recuerdos visiten el presente de vez en cuando. Tristemente, solo quedan los planos. Afortunadamente, los planos parecen cuentos.

Fuente: http://www.revistacronopio.com/?p=1413