lunes, 19 de octubre de 2009

EL DATO CULEBRA

Por Martín Velez.-

El dato culebras no tiene sentimientos; y si los tuviera, fueran sentimientos malos. No le importa, al dato culebras, destruir teorías y campañas muy bien sustentadas, acaso bien intencionadas, sobre los más diversos aspectos de la actividad humana. El dato culebras es, pues, malo y destructivo.

El más trascendente de todos los datos culebras se lo regaló a la humanidad Galileo Galilei. Todas las ciencias y todos los dioses milenarios, anteriores a Galileo, indicaban que la Tierra era el centro del Universo; todo cuanto había en él giraba en torno a ella. Entonces llegó Galileo con su tubito y sus vidrios pandos (el telescopio) y dio con el Dato Culebras: no es el Sol, es la Tierra la que gira en su derredor (además, la muy canija, baila sobre su eje). Seguramente fue Javier Lozano, en alguna remota vida anterior, quien le advirtío a Galileo, “coopelas o cuello”. Galileo, que no era tonto, coopeló; a sabiendas de que el dato culebras, por él descubierto, se encargaría de destruir todas las teorías geocéntricas, que la humanidad había tardado miles de años en desarrollar.

Para no ir muy lejos, ni en el tiempo ni en el espacio, en México, actualmente existen algunos datos culebras. Veamos, por ejemplo, el caso de la “guerra” antinarco. Solo los muy mezquinos, los que no quieren el bien de México, no reconocen la batalla heroica de Felipe Calderón contra todos los cárteles de la droga (menos uno). Toda la propaganda gubernamental, todo el esfuerzo de legitimación del régimen, pasa por combatir a todas las bandas del crimen organizado (menos una). Miles de “grandes capos” han ido a la cárcel; otros tantos miles han muerto, junto a muchos inocentes que ya no pudieron ver su cabeza rodar. Millones de spots “para que la droga no llegue a tus hijos”. Pero toda la campaña del gobierno contra las drogas, toda la sangre derramada, se estrella frente a un dato culebras: en los últimos seis años el consumo de drogas se ha duplicado. Por cada adicto que había en 2003, hoy tenemos dos. Con el agravante que la edad de inicio en el consumo se ha reducido en el mismo lapso. ¿Para que la droga no llegue a tus hijos?

En el caso del Sindicato Mexicano de Electricistas existe una campaña, cuyo fin es justificar el golpe mediante el cual desaparecieron, de un plumazo, 47 mil empleos. La campaña se basa en presentar a los trabajadores electricistas como una casta de privilegiados, culpables no solo del quebranto de la Compañía de Luz y Fuerza, sino de la falta de crecimiento del país (entre un 1.0 y un 1.5 de PIB, según ha dicho Calderón). Es decir, que los electricistas echados a la calle son quienes han generado el desempleo que, incautos de nosotros, hasta ahora habíamos atribuido al deficiente trabajo del “presidente del empleo”. Sin embargo toda la campaña, a favor del cándido Felipe y contra los electricistas desalmados, topa frente a otro dato culebras: el salario promedio de los trabajadores del SME es, era, de $6,000.00 pesos mensuales. Veinte mil electricistas ganaban, al mes, menos de esa cifra. Ganaban seis mil pesos y todavía querían más, los muy ingratos. Todavía más: las prestaciones de los electricistas de Luz y Fuerza son equivalentes a las prestaciones de los trabajadores de CFE, según un comparativo de El Universal.

Es muy importante que ese dato no se divulgue, porque la campaña se cae. Para Calderón, para Gómez Mont; para todos los periodistas-rockola como López Dóriga, Alatorre, Ferriz, Cárdenas, Beteta, Gómez Leyva, Ruiz Healy; para todos sus imitadores locales, es muy importante que el anterior dato no se conozca. Pero la verdad prevalecerá, aunque se tarde, como casi siempre. Entonces todos ellos quedarán como lo que son….vatos culebras.

Martín Vélez.

Publicado en http://dossierpolitico.com

LOS 10 ERRORES DE CALDERÓN

Por Raúl Trejo Delarbre.- 1. Alevosa nocturnidad. Si estaba convencido de que era algo bueno, el presidente Felipe Calderón se saboteó a sí mismo al realizar la extinción de la Compañía de Luz como si se tratara de una decisión mala. Decreto a media noche, ocupación policiaca, sabadazo antisindical, fueron planeados para sorprender al SME pero también a la sociedad. Todo lo contrario de las decisiones que se anticipan, sometidas a la deliberación primero y después al escrutinio de los ciudadanos y que definen a una sociedad abierta. Calderón actuó como quien sabe que no tiene la razón, pero dispone de la fuerza.


2. Legalidad discutible. La mayoría de los partidos, abiertamente o con un consenso pasivo, descartaron la impugnación por inconstitucionalidad al decreto de liquidación. Ese flanco quedó al menos formalmente resuelto. Pero sigue habiendo agujeros legales como el que implica la abrupta suspensión de las relaciones laborales sin que haya mediado resolución de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje.

3. Antisindicalismo. El gobierno promovió, exacerbó y luego aprovechó el explicable ánimo antisindical que hay en sectores importantes de la sociedad. Los sindicatos, de todos colores y trayectorias, se han ganado la animosidad de los ciudadanos con prácticas inmoderadas y atropellando algunos de ellos derechos como el de libre tránsito. Ahora, la exacerbación del discurso antisindical refuerza algunos de los prejuicios ideológicos más conservadores de la sociedad mexicana.

4. Demonizar al SME. Los problemas de la electricidad en México son añejos y enmarañados. El sindicato abusó de esa industria y de los usuarios. Pero las limitaciones en el equipamiento, los aplazamientos en la integración con la CFE, las políticas tarifarias y el desconcierto administrativo no eran culpa de los trabajadores sino del gobierno mismo.

5. Desorientación. Reacio a la deliberación democrática, el gobierno eligió la táctica del descontón político pero sin saber qué seguiría en la reorganización de la industria. Solamente tres días después de la acometida contra el sindicato, se anunció que la conducción del fluido en las zonas que eran atendidas por Luz y Fuerza quedaría a cargo de la Comisión Federal de Electricidad. Y tuvieron que pasar cuatro días para que Calderón asegurase que no habrá privatización. Sin un diagnóstico integral de los problemas de la industria eléctrica (al menos sin una evaluación pública) el gobierno carecía, desde luego, de un proyecto también completo.

6. Expectativas. Al festejar la clausura de empresa y sindicato, el presidente suscita nuevas expectativas públicas. Si ya dio ese golpe, se dice, puede propinar otros. Aun está por verse si su nuevo talante conduce a Calderón a emprender nuevas y auténticas reformas, o a un reforzado autoritarismo… o a una nueva parálisis gubernamental.

7. Billetazo. Está bien que a los electricistas despedidos no solamente se les ofrezcan las indemnizaciones que les corresponden según la ley, sino algo más. Pero la promesa de montos adicionales para quienes se apresuren a admitir la liquidación y la propaganda de compensaciones que parecen cuantiosas resulta poco elegante. O, para decirlo en otro tono, la insistencia en que aprovechen hoy tales ofertas porque mañana será tarde, son ofensivas para los trabajadores y sus familias –y no harán sino exacerbar su rencor–.

8. Espaldarazo al SUTERM. El gobierno aniquila un sindicato incómodo y al que ha condenado en exceso, para entregarle la representación de los trabajadores a un sindicato corrupto, antidemocrático y chantajista. Esos son términos apenas justos para describir al Sindicato Único, que reúne a los trabajadores de la CFE y los mantiene adheridos al PRI. Ese es el sindicalismo al que respalda el presidente Calderón.

9. Empuje a la coalición obradorista. Golpeado y perseguido, el SME corrió a guarecerse en el frente que encabeza Andrés Manuel López Obrador. Gracias a esta coyuntura, ese ex candidato volvió a presidir concentraciones multitudinarias. La liquidación del SME será una bandera reiterada en el ánimo contestatario frente a cualquier iniciativa del gobierno y, más tarde, en el mitificado y anticipadamente conflictivo 2010.

10. Negación de la política. La reputación de Calderón como político negociador, proclive a construir acuerdos, quedó anulada o al menos severamente maltratada. La oscuridad, la malevolencia, la fuerza y el sobresalto que el gobierno consideró indispensables para cerrar la empresa eléctrica, eran propias de un priismo del cual, por lo visto, el presidente actual no está muy alejado.

Publicado en emeequis

miércoles, 14 de octubre de 2009

Congreso: Bancada del PAN, entre dos sopas

Por Froylán Campos Macías

Los dirigentes de los grupos parlamentarios del Congreso tendrán de gracia –aunque en el sentido figurado del término, a nadie le cause hilaridad lo que está ocurriendo al seno del parlamento— otra semana más para tratar de encontrar un acuerdo en el proceso de negociación para conformar las comisiones de dictamen legislativo.

Resulta sumamente penoso documentar que la pluralidad gobernante de la Soberanía Popular no haya podido acreditar, en los últimos 15 días, suficiente madurez y seriedad para procesar y conciliar los diferendos en la interpretación de la norma que define el mecanismo para integrar las instancias legislativas y su distribución conforme a la representatividad política.

Está claro que mientras los integrantes de la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política (Cricp) den largas a la suscripción de un arreglo institucional que resuelva este asunto, el Congreso permanecerá, como hasta ahora, entumido y paralizado.

Cantidades industriales de razón asiste a quienes sostienen que entre los ciudadanos ha permeado una percepción totalmente válida: en la LIX Legislatura aún no ha iniciado el trabajo legislativo.
Tal vez algún despistado legislador pudiera objetar que, en términos legales, la Cámara de Diputados está funcionando de manera normal, pero lo cierto es que existe una situación irregular que obstaculiza el desahogo del trámite legislativo de una gran cantidad de negocios que ya han sido remitidos al Congreso para su discusión y dictamen.

Sí: porque el Congreso trabaja, funciona, opera y sesiona hasta donde es permisible tal y como ha quedado demostrado con la aprobación de algunos puntos acuerdo y reformas al reglamento interior.

Sin embargo, es preciso mencionar que éstas últimas iniciativas para modificar la Ley Orgánica del Congreso (LOC), han surgido al tenor de las negociaciones como un recurso extraordinario para tratar de allanar el camino en la construcción de los consensos para integrar las comisiones ordinarias.

Por lo visto, el esfuerzo ha resultado infructuoso puesto que aún persiste la polarización de posturas y posiciones irreductibles entre los grupos que impiden y complican la celebración de un convenio justo y equilibrado.

En ese sentido, la gente abriga sobrados motivos para colegir que la parálisis legislativa se debe única y exclusivamente a la incapacidad política de los líderes del Congreso para procesar y saldar con voluntad, equidad y madurez sus discrepancias.

Hasta donde sabemos, son las presidencias de a lo sumo cuatro comisiones –principalmente la de Gobernación— el punto donde se ha entrampado la controversia.

Y por la actitud de los diputados dirigentes de la coalición legislativa que integran PRI, Nueva Alianza y Verde Ecologista, todo hace suponer que en la bancada de Acción Nacional existe una ala cuya posición riñe con los principios elementales de la política: el diálogo y la negociación como instrumentos que posibilitan la solución de las diferencias y el encuentro de los consensos.

¿O como entender, por ejemplo, el lance del diputado Damian Zepeda Vidales que a título personal –lo cual, en goce de su derecho constitucional de iniciativa, de ningún modo es cuestionable— y no con el respaldo íntegro de la fracción del PAN, pretenda cambiar las reglas para la distribución de las comisiones, sabedor de que ni existen condiciones políticas, mucho menos cuenta con los votos necesarios del pleno para llevar a feliz puerto su genial proyecto?
Mucho temo que a los legisladores del PAN y su aliado el perredista José Guadalupe Curiel, les ganó la mezquindad y la estrechez de miras en sus afanes políticos.

Y es que, mire usted: la reforma al artículo 84 de la LOC sancionada por la mayoría opositora del parlamento el pasado jueves se antoja algo así como un ultimátum de la alianza PRI-PANAL-PVEM porque prácticamente emplaza al PAN para que zanje sus diferencias internas y se arrime a la mesa de la negociación con alguna propuesta de acuerdo en el mencionado tema de las comisiones de trabajo.

Como se informó oportunamente, el cambio al articulado de la norma reglamentaria del Poder Legislativo cobrará vigencia una vez que se publique en el Boletín Oficial del Gobierno del Estado, cosa que deberá ocurrir –para el caso no se requiere la autorización del Ejecutivo— en las próximas horas habida cuenta que ayer, por ser día feriado, no se concretó, y se hará en una edición especial.
Es decir, con la nueva potestad que tendrá el pleno del Congreso para aprobar con el voto de la mayoría absoluta –la mitad más uno— la integración de las comisiones, al grupo parlamentario del PAN sólo le quedan dos opciones, dos caminos, dos sopas: una, o modera su actitud y despliega altas dosis de voluntad para construir un arreglo con el resto de las bancadas; y dos, se repliega y deja que las minorías vuelvan a propinarle otro revés sin oportunidad ni margen para enmendar su propio frankestein.

Para decirlo coloquialmente: en el Congreso, la vaca está echada…

Fuente: http://dossierpolitico.com