jueves, 3 de septiembre de 2009

PGR se abstiene de proceder contra la indígena Jacinta Francisco

Conclusiones no acusatorias en el caso de Jacinta Francisco Marcial: un acto de justicia

México, D.F., a 3 de septiembre de 2009 / Boletín de prensa

Celebramos la decisión de la PGR de no sostener la acusación en contra de la mujer ñhä-ñhú por hechos en los que también son procesadas Alberta Alcántara y Teresa González

  • Lamentamos, sin embargo, que sin haber elementos contundentes sobre su responsabilidad penal, esté privada de la libertad por más de tres años

  • Esperamos que a la brevedad se restituya en su libertad a Jacinta, Teresa y Alberta


El día de hoy, mediante el boletín 1069/08, la Procuraduría General de la República (PGR) informa su decisión de presentar conclusiones no acusatorias en el proceso que enfrenta Jacinta Francisco Marcial, declarada prisionera de conciencia por Amnistía Internacional y acusada falsamente de haber secuestrado a elementos de la Agencia Federal de Investigación en Santiago Mexquititlán, Querétaro, en marzo de 2006. Por los mismos hechos, recordamos, han sido procesadas también Teresa González y Alberta Alcántara, mujeres, como Jacinta, del pueblo ñhä-ñhú.

Jacinta, su familia y los centros de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez y Fray Jacobo Daciano (que han asumido la defensa) celebramos la decisión de la PGR. La presentación de conclusiones no acusatorias supone el reconocimiento de la inexistencia de pruebas contundentes y legales en contra de Jacinta y significará eventualmente, una vez cerrada la instrucción, su excarcelación sin cargos. El anuncio de la PGR es un acto de justicia que, eventualmente, restituirá en su libertad a una mujer cuyo único delito ha sido su condición de género, su identidad étnica y su circunstancia social de marginación.

No obstante, la presentación de conclusiones no acusatorias no conlleva el acceso a la justicia que la gravedad del caso merece. En los casos de graves violaciones a derechos humanos, la excarcelación de quien está injustamente recluido es sólo un componente de la justicia, la cual debe incluir también, entre otras, la reparación integral del daño causado y la no repetición de los hechos. No está de más recordar que Jacinta ha pasado más de tres años en prisión por un delito que no cometió. Nos preocupa también el hecho de que la decisión de la PGR no contemple la liberación de Alberta y Teresa, acusadas y procesadas con las mismas pruebas ilegales. Por lo que seguiremos trabajando de cerca con el defensor particular de ambas mujeres para lograr su pronta excarcelación, pues en Santiago Mexquititlán no ocurrió ningún secuestro.

La decisión de presentar conclusiones no acusatorias implica la aceptación de las numerosas deficiencias del sistema de justicia en México: los delitos que más agravian a la sociedad no son perseguidos y, en un número significativo de casos, son personas inocentes sin medios para pagar una defensa adecuada quienes van a prisión por delitos que no afectan bienes sociales primordiales. Tal situación se agrava aun más en el caso de quienes por su identidad son discriminados socialmente, discriminación que es reproducida por el sistema de justicia; así ocurre con las mujeres, con quienes viven en condiciones de marginalidad y, sobre todo, con los hombres y las mujeres indígenas.

Con su decisión la PGR pone un alto a los abusos cometidos contra Jacinta, sin embargo las deficiencias estructurales persisten. En el país hay casos similares que no tienen la misma difusión. Es tarea de la sociedad civil y de la opinión pública mantener constante atención a estos para que las autoridades, en sus distintos niveles, se comprometan a no repetir acusaciones injustas como las documentadas en el presente caso.

Jacinta, su familia y sus defensores, estaremos vigilantes a que la PGR, a través del ministerio público adscrito al Juzgado Cuarto de Distrito en Querétaro, efectivamente presente sus conclusiones en el sentido anunciado hoy. Vigilaremos que el juez a cargo del proceso, Rodolfo Pedraza Longhi, resuelva sobre este particular sin dilaciones; máxime considerando que, en los hechos, la Procuraduría realiza en sus conclusiones lo que el juzgador omitió hacer.

Agradecemos la atención de la opinión pública en este caso y convocamos a seguir de cerca el desarrollo de éste y de otros que denotan la situación de los derechos humanos en México. Confiamos que a la brevedad Jacinta misma y su familia podrán estar con nosotros para compartir su palabra y su sentir después de tantos años de buscar justicia.

Centro de derechos humanos Miguel Agustín Pro Juárez

sábado, 29 de agosto de 2009

ROBERTO MARTÍNEZ


Roberto Martínez, mexicano de quinta generación, pionero en la lucha de los migrantes, acaba de morir en su natal San Diego, California. Es, dicen los activistas de hoy, el abuelo de todos quienes luchan por los derechos de los migrantes en la región fronteriza. Publicamos aquí el entrañable retrato que Primitivo Rodríguez, quien trabajó con él, escribiera al conocer la noticia de su fallecimiento

Por: Primitivo Rodríguez Oceguera

Queridas amigas y amigos, ¿cómo han estado? Les informo que el pasado miércoles falleció en su tierra natal San Diego, Roberto Martínez, mexicano de quinta generación, chicano de toda la vida y siempre ciudadano sin fronteras. Por accidente, creía Roberto, mexicanos, chicanos, migrantes o quien fuere habíamos nacido separados por muros y alambradas de todo tipo, y por lucha y convicción teníamos que derrumbar cuanto nos dividiera y ninguneara.

Tuve el gusto y el honor de trabajar con Roberto en el Programa de la Frontera México-Estados Unidos del American Friends Service Committe, de 1985 a l994.

Ingeniero exitoso, fue víctima en varias ocasiones de discriminación, incluyendo en su juventud deportaciones a Tijuana durante la “Operación Espaldas Mojadas,” por ser “mexicano,” “mojado,”de piel morena y corazón rebelde. Junto con otros Chicanos y Afroamericanos, Roberto también fue objeto de agresión al mudarse a un barrio de población mayoritariamente blanca. Ahí se inició como organizador de gente discriminada por su piel, y el inicio de los años 70 decidió que la mejor casa que como ingeniero podría construir era una de respeto y justicia donde cupieran todas y todos, incluyendo a los trabajadores migrantes del campo y de la ciudad, con y sin documentos. Dejó planos y buenas pagas, y se colocó en el pecho la bandera de todas y todos somos migrantes, a la lucha de hoy en adelante.

Hombre alto y fornido, Roberto destacó sin embargo por su gran dimensión y fuerza moral. En los 80s y 90s no existía a lo largo de la frontera alguien a quien la migra trajera tanto entre ceja y ceja, alguien que no podía quitarse de encima ni con palmaditas en la espalda por su “admirable trabajo,” y mucho menos con desprecio y amenazas, como Roberto Martínez. Día a día, mes a mes, año con año Roberto dio cuenta puntual de abusos de la migra y de otras autoridades en contra de los migrantes. Documentación que circuló en su región, en el resto de Estados Unidos y en otros países. Testimonios y voces de migrantes que llevó a los Capitolios de Sacramento y de Washington en audiencias sobre la frontera o reformas migratorias, en cabildeos, marchas y protestas.

Roberto y Yolanda su compañera nunca conocieron lucha justiciera que no les gustara. Le entraron a todas las que en el camino encontraron. La migra y los racistas, el muro y las cercas alambradas les hicieron a Roberto y Yolanda lo que el viento a Juárez.

Persona modesta, de corazón alegre y abierto, jamás se mareó con la atención que ganó por su trabajo en Los Angeles Times, The New York Times, The Washington Post, ABC, CBS, NBC, CNN, Univisión, The National Public Radio y medios nacionales de México. Tampoco perdió la cabeza con especiales premios y reconocimientos que recibió de ambos lados de la frontera. Como él decía, “no hay mayor satisfacción y orgullo que el trabajar por la causa de la dignidad y derechos de la gente pobre y trabajadora.” Y en verdad lo creía y feliz lo vivía para rabia de xenófobos y explotadores de trabajadoras y trabajadores.

Como bien dice Enrique Morones, Roberto es el maestro abuelo de cuantos hoy luchan con y por los migrantes en la región fronteriza.

Roberto se fue, y luego luego que regresa para decirle a Yolanda, al resto de su familia y a todas y todos lo mismo que los César Chávez, Reyes Tijerinas, Luther Kings, Malcon Xs, Corregidoras, Zapatas, Villas, Adelitas, Saccos y Vanzettis, mujeres huelguistas en Arizona, estudiantas y estudiantes del movimiento Chicano, Ches y Mártires de Chicago: "Ya volvió el que andaba ausente. ¡Órale Raza, a darle duro, Hasta la Victoria Siempre!"

Gracias, muchas gracias, querido Roberto, por tu entrañable compañía.

Primitivo