sábado, 24 de octubre de 2009

CONTRA EL IMPUESTO A LAS TELECOMUNICACIONES

Por Ernesto Flores

El impuesto a las telecomunicaciones, aprobado por la Cámara de Diputados, tiene todos los efectos perversos: (1) pone a México como contraejemplo del consenso internacional, (2) disminuye o anula el efecto de derrame de un bien con externalidades positivas bien documentadas, (3) retrasa la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, (4) impacta negativamente en la creación o preservación de empleo directo e indirecto, y (5) afecta más a los que menos tienen. A continuación, analizamos cada uno de estos puntos.

Existe consenso internacional, en ámbitos académicos, de la industria y de la política, en que el acceso y adopción de servicios de tecnologías de la información y comunicación (TICs) son fundamentales para el crecimiento económico y social de las naciones. Las TICs aumentan la competitividad y promueven el desarrollo social, tienen un papel importante en el combate a la pobreza. Sus impactos positivos en la economía han sido ampliamente documentados en todos los ámbitos (educación, salud, agricultura, comercio, innovación…). En la crisis actual, diversos países han puesto en práctica políticas públicas que promueven su desarrollo. Los países del G20 han invertido durante este año más de 3 mil millones de dólares en eso. Australia construye una red de banda ancha que llevará la fibra óptica a los hogares. Estados Unidos discute la iniciativa “broadband for all”. Irlanda plantea la cobertura de banda ancha en todos los hogares. Portugal decreta “urgente” el desarrollo de redes de nueva generación. Singapur mejora y ampliación su banda ancha. ¿Por qué México ha decidido ir en contra de la tendencia internacional estableciendo un impuesto que frenará en lugar de promover el uso de internet?

La contribución del uso de internet al PIB es innegable. A pesar de que la economía mexicana sufrió una caída de 9.2% en el primer semestre de este año, las telecomunicaciones mantuvieron un ritmo de crecimiento de 12%. Como el impuesto propuesto (en cualquiera de sus versiones) aplicará de manera homogénea a todas las empresas prestadoras, es de esperarse que sea cargado a los consumidores y no absorbido por las empresas. Un aumento en precio, aun en escenarios de poca elasticidad, necesariamente se traduce en alguna disminución de la demanda. Esto llevará a la desaceleración en la demanda por nuevas conexiones (o inclusive decrecimiento) y a la disminución en el uso actual de internet. ¿Se está buscando que menos mexicanos usen los servicios y que los que continúan usándolos los utilicen menos?

No hay duda alguna de que la inversión en infraestructura de telecomunicaciones genera empleo: nuevos empleos directos en su construcción, despliegue y operación; empleos indirectos sustentados en la nueva infraestructura, y empleos creados por los efectos de externalidad de la red. A manera de ejemplo, a precios actuales, se estima que si se cubre la demanda insatisfecha por banda ancha, en México se crearían aproximadamente 39 mil empleos en el corto plazo. A menor demanda debida a un aumento de precio, menor será la inversión, lo que impactará negativamente la creación posible de empleo. ¿El uso de los recursos recaudados por este impuesto podrá generar más empleo? Creemos absolutamente que no.

Por otra parte, los impuestos que gravan a las telecomunicaciones en cualquiera de sus modalidades, tienen efectos regresivos para consumidores actuales y futuros, retardando la adopción de estos servicios.

La encuesta ENIGH 2008 demuestra claramente que entre menores son los ingresos en el hogar, mayor es el gasto proporcional en telecomunicaciones. El hecho de que parezca que la población más rica es la que mayor contribución hará a través de esta nueva contribución se debe sólo a que esta franja de la población ya consume estos servicios, pero no se considera a los usuarios potenciales del servicio. Los deciles más bajos de la población, impactados por el impuesto, harán una de estas cuatro cosas: uno, gastarán una proporción mayor de sus ingresos (en el decil más pobre, los pocos que utilizan internet gastan en promedio casi 11% del gasto total del hogar) y disminuirán el consumo de otros productos, con obvias consecuencias en su bienestar. Dos, dedicarán menor consumo a telecomunicaciones (con la consecuencia directa de menor derrame y menor utilidad). Tres, no contratarán el servicio, retrasando la incorporación del país al mundo digital. Cuatro, cancelarán el servicio, reduciendo el número de los usuarios. ¿Es deseable alguna de estas cuatro consecuencias? ¿Queremos afectar más a los que menos tienen?

En resumen, como hemos dicho arriba, este impuesto pone a México como contraejemplo del consenso internacional, disminuye o anula el efecto de derrame positivo de un bien con externalidades positivas bien documentadas, retrasa la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, impacta negativamente la creación o preservación de empleo directo e indirecto, y afecta más a los que menos tienen.

El gobierno debe comprobar que el ingreso generado por este impuesto adicional a las telecomunicaciones va a generar una mayor contribución a la economía nacional que las externalidades y las derramas que se darían en caso de no existir el impuesto.

Ernesto Flores. Profesor Investigador Asociado, Telecom-CIDE

miércoles, 21 de octubre de 2009

LA FURIA DE MANLIO

Por David Aponte.- El senador del PRI, Manlio Fabio Beltrones, estaba furioso con sus correligionarios de enfrente. “¡Esto no va a servir de nada!”, expresó la tarde-noche del lunes en varias ocasiones frente a sus allegados. Utilizó la misma frase ante distintas personas y en distintos momentos. Unos minutos antes, el coordinador del grupo parlamentario priísta en San Lázaro, Francisco Rojas, anunciaba que su bancada apoyaba el aumento del Impuesto al Valor Agregado para colocarlo en 16%, con la ausencia de 70 diputados, el rechazo de 41 y la abstención de dos, como una forma de salvar a México de las desgracias económicas. El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, mandó la propuesta la noche del domingo, cuando quedó sepultada la idea de crear el nuevo impuesto del 2% al consumo, que serviría para atender a los más pobres de México.

“Esto es un arreglo entre los gobernadores (del PRI) y Carstens”, argumentaba el poderoso Beltrones, jefe de la bancada príista en el Senado. Horas antes, el diputado Rojas lidiaba con la negativa de muchos de sus compañeros de la fracción parlamentaria. Muchos se resistían a apoyar el aumento al IVA, con el argumento de que sus electores iban a reprocharles la subida en la tasa y que ellos se habían comprometido a no mover el impuesto y, mucho menos, a aplicarlo a medicinas y alimentos (tema que quedó salvado con la muerte del 2% general al consumo). Al final, Rojas salió de la plenaria de los diputados del Revolucionario Institucional con 124 votos a favor, 41 en contra, dos abstenciones y 70 ausencias.

“Los gobernadores mandaron a los diputados a votar a favor del aumento al IVA”, se quejaba Beltrones. Momentos antes, los diputados del PRI votaban a favor del 16% al IVA. El aumento caerá en las arcas de los gobiernos estatales, por tratarse de un gravamen participable. La propuesta original del 2% al consumo llevaría estos recursos al gobierno de Felipe Calderón para continuar la ruta hacia el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, que los entregaría a las comunidades más pobres en todo el territorio nacional. El aumento al IVA generará unos 30 mil millones de pesos anuales. La operación de los mandatarios estatales del PRI fue sencilla: arrebatar el billete a la Sedesol, que desde hace semanas manejaba que no había otra opción que el 2% para mitigar la pobreza de millones de compatriotas. Una de las promesas del equipo de Carstens es que una parte del dinero se enviará a finales de año a los gobiernos estatales.

“Vamos a tener que cachar esto (en el Senado)”, rugía el senador Beltrones cuando se enteró de la votación del grupo parlamentario del PRI en San Lázaro, y de la división que causó en la fracción, y de la decisión de 70 diputados que mejor no se aparecieron por el Palacio Legislativo. Con el desvelo de la madrugada del martes, el diputado David Penchyna trataba de explicar que no hubo quiebre en el grupo parlamentario, que muchos diputados no estaban en la ciudad de México porque viajaron a Coahuila y Tabasco para apoyar en los procesos electorales, que otros no acostumbran llegar en lunes al DF, que otros estaban en otras actividades.

“¡Esto no va a servir de nada!”, decía el senador Beltrones la tarde-noche del lunes. Entrado el martes, el diputado Rojas justificaba que el PRI no debe dejar que México se vaya a pique: “Es cierto que el país se ha venido deteriorando por la ineficacia de los gobiernos panistas, que han desaprovechado los años de mayores ingresos petroleros en la historia del país. Es lamentable la situación a la que nos han llevado los gobiernos del PAN, pero no por ello podemos regocijarnos de lo que han hecho mal… Nos duele muchísimo la situación del país, pero no por ello vamos a decir que se siga hundiendo porque el gobierno es malo”.

Ya se verá en Xicoténcatl cómo lidia Beltrones con el nuevo IVA de sus correligionarios de San Lázaro. El lunes estaba furioso.

Fuente: http://www.ejecentral.com.mx

lunes, 19 de octubre de 2009

LOS ZETACORP INC

Por Víctor Hugo Michel

Si pudieran cotizar en Wall Street probablemente se les conocería como Zetacorp Inc., un corporativo con holdings en Centro, Sur y Norteamérica, ganancias multimillonarias al año gracias a sus inversiones en distintas áreas productivas, excelente posicionamiento comercial de su marca, algunos competidores feroces, miles de empleados y convenios estratégicos en distintos continentes.

Como cualquier otra empresa, tendrían un CEO (Chief Executive Officer), una junta de directores, administradores de área, abogados y hasta un sistema para la resolución práctica, eficaz y directa de controversias internas: la pistola.

Pero aun cuando por ahora Los Zetas no venden paquetes accionarios ni se han convertido en una sociedad anónima, para algunos de los principales cerebros militares en Washington, el brazo armado del cártel del Golfo ha comenzado su evolución hacia un nuevo nivel y hoy se asemeja más a una multinacional altamente exitosa tipo Fortune 500 —como Ford, McDonald’s o Apple— que a una simple pandilla callejera de sicarios.

“Los Zetas son ya un ejército privatizado que opera como una compañía trasnacional eficiente (…) lo que buscan no es destruir al Estado mexicano. Prefieren un Estado débil, un México a modo que los proteja de Estados Unidos”, sostiene un estudio ordenado por el Colegio de Guerra del Ejército estadunidense en torno al funcionamiento del grupo armado.

Elaborado por el Centro de Estudios Estratégicos (SSI) del Colegio de Guerra del Pentágono y enviado a los principales mandos militares de Washington, el Comando del Sur y el Comando del Norte a principios de este mes a manera de ficha informativa, el reporte busca analizar a fondo la psicología operativa detrás de Los Zetas, a los que califica directamente de “riesgo hemisférico” ante su capacidad para operar internacionalmente pero, principalmente, de pensar en términos económicos avanzados.

El estudio, advierte el SSI, “no necesariamente” refleja la opinión del Departamento del Ejército, de Defensa, o el gobierno de EU.

“La organización militar privada de Los Zetas es muy parecida a cualquier organización global de negocios que puede responder a cualquier reto, oportunidad o situación emergente con velocidad, flexibilidad y efectividad”, se expone en el reporte, elaborado por el especialista en movimientos armados mexicanos Maximilian Manwaring.

Manwaring, un ex coronel del Ejército de Estados Unidos convertido en analista de la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa y en catedrático, es enfático al señalar que Los Zetas no pueden ser analizados como una estructura piramidal —con un jefe de jefes al tope—, sino más bien como algo parecido a “círculos concéntricos”, es decir, como una empresa con todo y su junta directiva.

“Esta agrupación comparte muchas de las características de una multinacional Fortune 500: es una organización que busca hacer dinero, expandir sus mercados y moverse y actuar libremente dentro de las jurisdicciones políticas en las que trabaja”, se argumenta en el reporte.

En el largo plazo, se indica, la principal prioridad de Los Zetas es “operar un negocio exitoso”, uno que pueda promoverse adecuadamente y protegerse de sus competidores al mismo tiempo que pueda diversificar sus actividades, limitar sus riesgos, aprender de sus errores y explotar oportunidades comerciales, como cualquier otra trasnacional.

Método Z: Buziness

Bajo esta tesis, cuando Los Zetas ordenan una ejecución no es sólo lo que popularmente se conoce como un ajuste de cuentas. Es, en realidad, un despido en su forma más extrema o un corporate takeover cuando se trata de un rival.

Para el SSI —institución conocida como la “materia gris” del Pentágono—, la aparición de Los Zetas se explica ante la transformación sufrida por México en las últimas tres décadas de una Nación-Estado a un “Estado-Mercado”, cimentado en el capitalismo y en el que la capacidad de ejercer violencia se vuelve un método atractivo para acumular ganancias.

Para esta organización, explica, no hay nada menos atractivo que realmente hacer desaparecer al Estado mexicano, como se hubiera propuesto en algún momento un grupo guerrillero. Por el contrario: Los Zetas quieren que el gobierno mexicano sobreviva… apenas.

Primer punto de la tesis: “Como una empresa, a diferencia de otras organizaciones militares privadas, grupos insurgentes y neopopulistas, la organización de Los Zetas parece no estar interesada en destruir por completo el tradicional sistema mexicano político-económico-social y reemplazarlo con uno propio. En cambio, pugnan por una opción menos radical: capturar el Estado”.

Segundo punto: “Para alcanzar este objetivo, los líderes de Los Zetas han determinado que, como un mínimo, deben poder viajar libremente, comunicarse y transferir fondos por todo el mundo. Para esto, necesitan estar cerca de centros poblacionales que funcionen. Por ello, Los Zetas no quieren un Estado completamente fallido. Prefieren a un México débil pero moderadamente funcional, un cascarón de soberanía estatal que los proteja de intervención del extranjero, particularmente de Estados Unidos, pero que les permita operar con impunidad”.

En el reporte del SSI se establece que, para encaminarse hacia este fin —el de dominar al Estado o debilitarle lo suficiente—, Los Zetas han logrado ubicarse como el modelo a seguir, la marca más confiable, un trademark reconocido en la calle de forma sencilla y directa por la población general como sucede con una Coca-Cola, una Big Mac u otros productos de fácil identificación.

“Aunque hay otras organizaciones militares privadas de sicarios en México, Los Zetas parecen ser el grupo más dirigido a obtener sus objetivos. La organización y planeación zeta ha sido impresionante y el valor de impacto en la opinión pública de sus operaciones es sin igual”, se añade.

Manwaring llega a una conclusión directa. Apunta a que el brazo armado del cártel del Golfo es una organización con bastantes cerebros funcionando:

“Después de revisar los hechos, los brutales métodos que Los Zetas usan para insinuar su poder sobre la gente, uno sólo puede entender que estos hechos criminales aparentemente al azar y sin sentido tienen en realidad objetivos político-psicológico específicos.”

Fuente: http://www.milenio.com