martes, 24 de noviembre de 2009

LAS MUERTES CHIQUITAS

Las Muertes Chiquitas es resultado de cuatro años de trabajo de Mireia Sallarès, de un proyecto interdisciplinario concentrado en las entrevistas a más de treinta mujeres de México de diferentes zonas del país; mujeres de diversas edades, estratos sociales, profesiones y religiones. Sus historias de vida nos llevan a conocer sucesos relacionados con los feminicidios de Ciudad Juárez, con las prostitutas de barrios marginados, con profesoras de universidad, exiliadas de guerras europeas, cero positivas y homosexuales o transexuales, ex guerrilleras de los años setenta, burguesas, indígenas, estudiantes, madres, abuelas, hijas... mujeres.

Sallarés, artista audiovisual de origen catalán, desarrolla este proyecto gracias al apoyo de diversas instituciones mexicanas y españolas; y desde el 20 de noviembre de este año y hasta enero del 2010 presentará en la Ciudad de México.

Las Muertes Chiquitas, una gran pieza multidisciplinaria. Pero además son historias sobre el dolor, el placer, el poder, la muerte y la violencia.

50 MIL DÓLARES


A tres años del fallecimiento de Jesús Blancornelas (23 de noviembre de 2006), en El Ciudadano publicamos, hoy, a manera de homenaje esta joyita a las cuales nos tenía acostumbrado. Va:

Nadie se muere en la víspera
Refrán popular mexicano

1978

La primera vez que Carlos Aguilar Garza me visitó en el periódico ABC de Tijuana, llevó más protección que el presidente de la República. Dos con pistola en mano, bajo la chamarra, se plantaron en la puerta de mi oficina y por fuera. Cuatro más en la antesala. Otros tantos con ametralladora en la entrada principal. Y quién sabe cuántos más en la calle. No era tan alto como aparecía en la foto. Pelo negro y lacio. Moreno sin llegar a los 30 años, pero con una vida recorrida que le daba experiencia de cincuentón. Siempre de traje y caminando aprisa. Fumando uno tras otro y al final de cuentas, simpático.

Primero fue profesor normalista y luego abogado. Se metió en la Procuraduría General de la República y llegó a coordinador en Baja California. Venía de Sinaloa. En Culiacán se afamó capitaneando a la Judicial Federal. Unos decían que les bajó la guardia a los mafiosos. Otros que los protegían. Lo acusaron de torturador y por eso su nombre se volvió familiar en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Pero un día de tantos, se agarró a balazos con feroces malandrines y lo hirieron en las piernas. Entonces lo mandaron para Tijuana donde traía asoleado a todo mundo. Su estancia y su presencia estremecían. A veces por miedo y a veces por curiosidad.

Aquel pasado mediodía llegó al periódico ABC en el bulevar Agua Caliente y su convoy se estacionó frente a las tortas de carne asada, a un ladito del Washmobile, sobre la calle Jalisco. Se metió al ABC y con un “…barón, vengo por ti para irnos a comer”, no quiso hablar de nada que no fueran saludos. Taimado, a lo mejor pensó que le grababan o escuchaban. No quiso ir al Victor’s, al Sombrero, a una cuadra. “Mejor vamos a otra parte”. Abriéndonos paso y seguidos, sólo él y yo en su automóvil. Cuando se puso al volante: “…perdóname barón, pero por seguridad la pongo aquí”, y de su cinto sacó tamaña pistolota con el cartucho cortado. La puso en el asiento, entre los dos, a la mano.

Prendió el motor y antes de arrancar tomó una ametralladora que traía en el asiento de atrás y la llevó a sus pies, abajito del asiento. “Por si las moscas, hermano”. Y ahora sí caminó el Grand Marquis, azul negro, primoroso por fuera e impecable por dentro. Todo el bulevar Agua Caliente, todo el Díaz Ordaz, hasta la presa y luego como para Tecate. Me platicaba de Culiacán y de Nuevo Laredo. Hablaba mal del periodista sinaloense Michel Jacobo, mal y bien de la periodista neolaredense Ninfa de Andar.

“¿Cómo que para dónde vamos, barón? Lo traigo para que me diga por qué no le agarró el dinero a Pietro La Greca”. Siempre me dio la impresión que Aguilar Garza le daba vueltas al asunto como para marear y luego dejar caer la pregunta o el tema a donde quería. Ya ni me acortaba de Pietro. El envaselinado italiano que unos días antes me pidió “unos minutitos, aquí en la oficina de Manuel Gastélum Millán”, cerquita de ABC y al otro del chalet que habitó don Armando Silvestre. Era una minioficina. Bien trajeado, y sin más ni menos, sacó tantos dólares que ni para contar de un vistazo. Me los daba para que ya no criticáramos en ABC a Carlitos Aguilar Garza, para que lo dejáramos en paz. A la negativa vino el ruego. Al rechazo apareció la súplica de rodillas. El por favor arrepentido pero cortado por un guárdate los billetes o publico que tú y Aguilar Garza me quieren sobornar.

El caso era que en el periódico descubrimos que los federales traían puros carros último modelo que se habían robado personalmente en San Diego o en Chula Vista, en National City o en La Jolla. Estaba probadito y se hizo una escandalera. Pietro fracasó en su intento. Por eso aquel rondín con Aguilar Garza. Un recorrido como para meter miedo. Paró el auto en despoblado. Uno de atrás llegó corriendo con una bolsa de papel en la mano y se la entregó: “Pues ahora se la ofrezco yo”, al tiempo que la ponía en mis piernas. “Pues también a ti te digo que no, y vámonos”. Agarró la bolsa, la echó para atrás y también a rodar el carro. Una, dos y tres veces preguntó qué quería. Ofreció un auto nuevo para mi esposa o depositar dinero para mis hijos. Nada le fue aceptado y seguramente para no rogar hizo a un lado el tema con un “…vámonos a comer”. Nos sentamos en un rincón, junto a la cocina, del restaurante del hotel El Conquistador. No se volvió a tocar el tema.

Pasados los días hubo un encuentro casual con Pietro y resucitó el caso cuando le dije que no me anduviera ofreciendo “mugrientos” dólares. Jeshú, Jeshú, por favore, eran cincuenta mil dólare… ¡chincuenta mil!”. Otra vez pasaron los días. Hasta que en uno de esos Aguilar Garza volvió: “Barón, te traigo un recado de Culiacán”, y me dijo que había ido para allá. Que habló con periodistas y supo que otros periodistas me vinieron a ver. Sabía que andaba buscando datos sobre el asesinato de Roberto Montenegro, un reportero. Sabía que iba a escribir un libro; que yo estaba enterado de todo, y que, efectivamente, un sobrino del entonces gobernador Calderón lo mandó matar. También estaban enterados que yo sabía el verdadero nombre del periodista, pues no era el que todos conocían; que era profesor como Aguilar Garza y que andaba entre la mafia y el periodismo; que el gobernador le tenía miedo al libro y era muy peligroso publicarlo.

Luego vino lo que nunca olvidaré: “Jesús, tú me demostraste que eres un barón, hoy te demuestro mi amistad. Te van a matar. Van a matar a tus hijos si se publica el libro. No me preguntes más”. Otra vez pasaron los días. Decidí hablar a la Ciudad de México con los editores para suspender todo. Me disculpé aunque se enojaron. A los pocos días Aguilar Garza me llamó y sin que yo se lo hubiera informado simplemente me dijo: “Barón, te felicito, qué bueno que decidiste no publicar el libro”. Nunca más se tocó el tema. Cuando lo trasladaron a Nuevo Laredo me sorprendió que lo dieran de baja. Luego fue la noticia que la avioneta en que viajaba se había desplomado a punto de aterrizar en Monterrey. Dicen que llevaba mucha cocaína. El accidente lo dejó inválido. A su esposa la balacearon y rumoreaban que él mandó la ejecución.

Meses después unos tipos, nunca se supo quiénes, llegaron a las afueras de su casa y a través de una ventana dispararon para matarlo. Estaba en una cama para inválidos. Lo ejecutaron. Durante y después de esa cascada de tragedias entendí: Nadie me mandó un recado de Sinaloa. Era su recado.

Tomado del Libro “Pasaste a mi Lado”, de Jesús Blancornelas, páginas 127, 128 y 129.


domingo, 22 de noviembre de 2009

Participan madres de guardería ABC en encuentro de mujeres trabajadoras.

Por Silvia Nuñez
México, D.F., 21 noviembre 09.- Madres trabajadoras que perdieron a hijas e hijos en el incendio de la guardería ABC el pasado 5 de junio, participaron hoy en el VI Encuentro de mujeres trabajadoras y seguridad social, realizado en esta ciudad.

Patricia Duarte Franco, Esthela Báez Gill y María Jesús Coronado Padilla, madres de niñas y niños fallecidos, así como Mercedes Ibarra Ibarra, abuela de una de las niñas que perdieron la vida en el incendio, presentaron ponencias en donde expusieron su experiencia, así como los pasos que están realizando para continuar con su lucha por justicia.

Esthela Báez Gill, madre de Julio César Márquez, pequeño fallecido en el incendio del 5 de junio, expuso en su ponencia que lo que hoy tienen muy claro, es que lo que le pasó a sus hijos fue producto de un vil crimen.

Un crimen –dijo Báez- perpetrado por el propio sistema de gobierno, quien no es capaz o no le interesa crear las condiciones debidas para que las mujeres mexicanas podamos trabajar tanto por la necesidad de ayudar en la economía de nuestro hogar para poder ofrecerle a nuestros hijos un futuro mejor, como por el elemental derecho de superación y autonomía que todas las mujeres debemos poseer.

En su exposición, Patricia Duarte Franco habló de las repercusiones legales y en la autonomía de las mujeres, que se producen cuando no existe un buen sistema de guarderías que resuelvan la necesidad que como trabajadoras tienen de dejar a sus hijas e hijos en un lugar seguro.

Enfatizó la dificultad para la reinserción laboral, cuando dejan de trabajar para dedicarse a cuidar a sus hijos en los primeros años, pues al regresar se encuentran con que no se han actualizado y no son contratadas en buenas condiciones.

Ennumeró los puntos en que las madres trabajadoras se deben fijar cuando llevan a sus hijos a las guarderías. Insistió en que a las madres afectadas por la tragedia en la ABC, desean transmitir su experiencia a otras madres, para que no les pase lo que a ellas.

Es de suma importancia que todas las personas que son usuarias de las guarderías o tengan a sus hijos en instituciones educativas tengan conocimiento de todas las medidas de seguridad que marca la normatividad y de esta manera darlas a conocer a todas las demás personas para que así prevean cualquier suceso que se pueda presentar, indicó.

Por su parte, Esthela Báez envió el mensaje a Felipe Calderón de que su lucha apenas comienza. “Si él como la máxima autoridad en México no le hace justicia a nuestras hijas e hijos, nosotros lo haremos”, advirtió.

Agregó que llegarán a las instancias que tengan que llegar y que no pararán en su búsqueda de justicia y que acudirán a las instancias que tengan que llegar y no pararán en la búsqueda de que las personas e instituciones responsables de que no tengan con ellas a sus bebés, paguen por destruirles sus vidas y las de sus hijos e hijas.

Emiten pronunciamiento

Entre los acuerdos finales, las participantes del Sexto encuentro de mujeres trabajadoras y seguridad social, emitieron un pronunciamiento de apoyo a las madres de la guardería ABC.

A casi 6 meses de ocurrida la tragedia de la guardería ABC subrogada del IMSS, en la ciudad de Hermosillo, Sonora el 5 de junio de 2009, las organizaciones y mujeres trabajadoras firmantes brindaron su solidaridad y apoyo incondicionales a las madres trabajadoras que perdieron a sus hijas e hijos en el terrible incendio de la estancia infantil, contiene el documento.

Consideramos que las autoridades mexicanas tienen una gran deuda con estas madres, que lo único que hicieron fue confiar en la institución que brinda la seguridad social a la mayoría de las y los trabajadores en el país: el Seguro Social, y en las autoridades estatales y municipales de Sonora, quienes deben ser garantes de la seguridad de las y los habitantes de esa entidad, aseguran las firmantes.

Estas madres que contribuyen al igual que muchas otras a producir riqueza con su trabajo diario en diversos sectores de la economía, merecen ser atendidas y deben ser cumplidas sus demandas. La forma cruel en que les arrancaron a sus hijas e hijos, no puede quedar impune. La larga cadena de negligencia, corrupción, tráfico de influencias e irresponsabilidad, que produjeron la tragedia, deben ser sometidas al más amplio juicio legal y social.

Las y los autores materiales, y quienes con su avaricia permitieron que ocurriera la tragedia donde murieron 49 niñas y niños menores de 4 años, deben ser castigados sin pretextos.

Las trabajadoras integrantes de diversos sindicatos y organizaciones no gubernamentales de diversos estados del país, se pronunciaron por justicia ejemplar para el caso ABC: Esclarecimiento de los hechos, deslinde de responsabilidades, castigo a los culpables, inhabilitación para los funcionarios públicos involucrados, y garantía de la no repetición de una situación similar.

Advirtieron que rechazan la privatización del servicio de guarderías. Exigen que se cumpla la normatividad para el funcionamiento de Centros de Desarrollo Infantil, del país.

A Felipe Calderón, presidente de México, Guillermo Padrés, gobernador de Sonora, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a Jueces responsables del caso, les lanzan la advertencia de que estarán como las más acuciosas observadoras de su actuación, para exigirles transparencia y equidad en la aplicación de la justicia para las madres trabajadoras agraviadas por la tragedia de la corrupción.