sábado, 24 de octubre de 2009

EL VERDADERO SABER NO ES NEUTRO

DISCURSO DEL RECTOR DE LA UNAM, JOSÉ NARRO ROBLES, EN LA RECEPCIÓN DEL PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS 2009.

Oviedo, España
23 de octubre 2009

Alteza, señoras y señores reconocidos con el Premio Príncipe de Asturias, apreciados universitarios, señoras y señores.

Asisto a esta ceremonia lleno de orgullo y agradecimiento, en representación de una universidad cuyos orígenes se remontan a más de cuatro siglos y medio, que ha sido enclave de cultura y de saber, de defensa de las libertades y de la justicia, además de formar parte de la conciencia nacional.

Son millones los alumnos, académicos y trabajadores que pasaron por sus instalaciones a lo largo del siglo XX y de lo que corre del actual, ellos construyeron con su esfuerzo y compromiso, a la Universidad Nacional Autónoma de México, a nuestra muy querida UNAM.

En su nombre, en el de su gran comunidad, en el de los ex rectores y autoridades que me acompañan, agradezco profundamente a la Fundación Príncipe de Asturias y al jurado correspondiente, por reconocer la calidad del trabajo académico y el compromiso social de nuestra institución. A su alteza, el príncipe de Asturias, y a todos ustedes, les manifiesto el gran significado que tiene para nosotros esta ocasión.

Expreso mi reconocimiento a las personalidades y organizaciones que apoyaron a la UNAM. En especial agradezco al excelentísimo embajador de España en México, quien presentó la candidatura y manifestó siempre su convicción de que la Universidad merecía este premio. Gracias a todos los que creyeron que cumplía con los requisitos esenciales: poseer la máxima ejemplaridad y haber logrado una obra de trascendencia internacional.

Comparto esta distinción con los miembros de la comunidad de la UNAM aquí presentes, y de manera especial con los miles de alumnos, profesores y trabajadores universitarios que, gracias a la maravilla de las telecomunicaciones, presencian esta ceremonia en mi país. La distinción es de todos ellos y de las generaciones que hicieron la historia, incluidos aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español, que nos enriquecieron hace 70 años.

De igual forma, también le corresponde a la sociedad mexicana que ha confiado en su Universidad Nacional y al conjunto de las instituciones de educación superior de España y del resto de Iberoamérica. A todos, muchas felicidades.

El premio que se otorga a la Universidad es una gran motivación para reafirmar nuestro compromiso con la educación y las causas de la sociedad. Para el ser humano el conocimiento siempre ha sido importante, pero ahora es fundamental. No hay campo de la vida en el que no influya el saber, por esto preocupa tanto el desinterés de algunos en la materia, como que en muchos sitios no sea una prioridad o que se le escamoteen los recursos para su generación y transmisión.

Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila o a la medianía en el desarrollo.

Por ello, resulta indispensable reivindicar el derecho a la educación. Por ello, es necesario insistir y volverlo a hacer muchas veces. La educación es vía de superación humana, de la individual y de la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia.

Como bien público y social, la educación superior debe ser accesible a todos bajo criterios de calidad y equidad; por eso duele que en el mundo de hoy, con sus grandes desarrollos, vivan cerca de 800 millones de personas que no saben siquiera leer y escribir.

A algunos les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado, del Renacimiento o del siglo XIX. Se equivocan. También lo es de ahora y del futuro. Frente al éxito quimérico, el egoísmo, la corrupción o la indiferencia, el mejor antídoto son los valores laicos de ayer y siempre.

Por esto, la crisis que enfrenta la población mundial requiere de una revisión a fondo de los valores que transmitimos a los jóvenes. Se debe hacer, en virtud de que la desigualdad y el rezago afectan en el mundo a miles de millones de personas. La modernidad debe traducirse en mejores condiciones para los excluidos de siempre. El verdadero saber no es neutro, debe estar impregnado de compromiso social.

Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el fracaso del sistema financiero, para proponer nuevos esquemas de desarrollo que permitan a los jóvenes recuperar la esperanza en un futuro más alentador. El gran reto consiste en alcanzar un progreso donde lo humano y lo social sean verdaderamente lo importante.

Concluyo con la reiteración del agradecimiento por la distinción que recibimos. Se trata, insisto, de un aliciente que fortalece nuestro compromiso con la calidad de la educación y con las causas y necesidades de la sociedad.

“Por mi raza hablará el espíritu”

CONTRA EL IMPUESTO A LAS TELECOMUNICACIONES

Por Ernesto Flores

El impuesto a las telecomunicaciones, aprobado por la Cámara de Diputados, tiene todos los efectos perversos: (1) pone a México como contraejemplo del consenso internacional, (2) disminuye o anula el efecto de derrame de un bien con externalidades positivas bien documentadas, (3) retrasa la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, (4) impacta negativamente en la creación o preservación de empleo directo e indirecto, y (5) afecta más a los que menos tienen. A continuación, analizamos cada uno de estos puntos.

Existe consenso internacional, en ámbitos académicos, de la industria y de la política, en que el acceso y adopción de servicios de tecnologías de la información y comunicación (TICs) son fundamentales para el crecimiento económico y social de las naciones. Las TICs aumentan la competitividad y promueven el desarrollo social, tienen un papel importante en el combate a la pobreza. Sus impactos positivos en la economía han sido ampliamente documentados en todos los ámbitos (educación, salud, agricultura, comercio, innovación…). En la crisis actual, diversos países han puesto en práctica políticas públicas que promueven su desarrollo. Los países del G20 han invertido durante este año más de 3 mil millones de dólares en eso. Australia construye una red de banda ancha que llevará la fibra óptica a los hogares. Estados Unidos discute la iniciativa “broadband for all”. Irlanda plantea la cobertura de banda ancha en todos los hogares. Portugal decreta “urgente” el desarrollo de redes de nueva generación. Singapur mejora y ampliación su banda ancha. ¿Por qué México ha decidido ir en contra de la tendencia internacional estableciendo un impuesto que frenará en lugar de promover el uso de internet?

La contribución del uso de internet al PIB es innegable. A pesar de que la economía mexicana sufrió una caída de 9.2% en el primer semestre de este año, las telecomunicaciones mantuvieron un ritmo de crecimiento de 12%. Como el impuesto propuesto (en cualquiera de sus versiones) aplicará de manera homogénea a todas las empresas prestadoras, es de esperarse que sea cargado a los consumidores y no absorbido por las empresas. Un aumento en precio, aun en escenarios de poca elasticidad, necesariamente se traduce en alguna disminución de la demanda. Esto llevará a la desaceleración en la demanda por nuevas conexiones (o inclusive decrecimiento) y a la disminución en el uso actual de internet. ¿Se está buscando que menos mexicanos usen los servicios y que los que continúan usándolos los utilicen menos?

No hay duda alguna de que la inversión en infraestructura de telecomunicaciones genera empleo: nuevos empleos directos en su construcción, despliegue y operación; empleos indirectos sustentados en la nueva infraestructura, y empleos creados por los efectos de externalidad de la red. A manera de ejemplo, a precios actuales, se estima que si se cubre la demanda insatisfecha por banda ancha, en México se crearían aproximadamente 39 mil empleos en el corto plazo. A menor demanda debida a un aumento de precio, menor será la inversión, lo que impactará negativamente la creación posible de empleo. ¿El uso de los recursos recaudados por este impuesto podrá generar más empleo? Creemos absolutamente que no.

Por otra parte, los impuestos que gravan a las telecomunicaciones en cualquiera de sus modalidades, tienen efectos regresivos para consumidores actuales y futuros, retardando la adopción de estos servicios.

La encuesta ENIGH 2008 demuestra claramente que entre menores son los ingresos en el hogar, mayor es el gasto proporcional en telecomunicaciones. El hecho de que parezca que la población más rica es la que mayor contribución hará a través de esta nueva contribución se debe sólo a que esta franja de la población ya consume estos servicios, pero no se considera a los usuarios potenciales del servicio. Los deciles más bajos de la población, impactados por el impuesto, harán una de estas cuatro cosas: uno, gastarán una proporción mayor de sus ingresos (en el decil más pobre, los pocos que utilizan internet gastan en promedio casi 11% del gasto total del hogar) y disminuirán el consumo de otros productos, con obvias consecuencias en su bienestar. Dos, dedicarán menor consumo a telecomunicaciones (con la consecuencia directa de menor derrame y menor utilidad). Tres, no contratarán el servicio, retrasando la incorporación del país al mundo digital. Cuatro, cancelarán el servicio, reduciendo el número de los usuarios. ¿Es deseable alguna de estas cuatro consecuencias? ¿Queremos afectar más a los que menos tienen?

En resumen, como hemos dicho arriba, este impuesto pone a México como contraejemplo del consenso internacional, disminuye o anula el efecto de derrame positivo de un bien con externalidades positivas bien documentadas, retrasa la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, impacta negativamente la creación o preservación de empleo directo e indirecto, y afecta más a los que menos tienen.

El gobierno debe comprobar que el ingreso generado por este impuesto adicional a las telecomunicaciones va a generar una mayor contribución a la economía nacional que las externalidades y las derramas que se darían en caso de no existir el impuesto.

Ernesto Flores. Profesor Investigador Asociado, Telecom-CIDE

miércoles, 21 de octubre de 2009

LA FURIA DE MANLIO

Por David Aponte.- El senador del PRI, Manlio Fabio Beltrones, estaba furioso con sus correligionarios de enfrente. “¡Esto no va a servir de nada!”, expresó la tarde-noche del lunes en varias ocasiones frente a sus allegados. Utilizó la misma frase ante distintas personas y en distintos momentos. Unos minutos antes, el coordinador del grupo parlamentario priísta en San Lázaro, Francisco Rojas, anunciaba que su bancada apoyaba el aumento del Impuesto al Valor Agregado para colocarlo en 16%, con la ausencia de 70 diputados, el rechazo de 41 y la abstención de dos, como una forma de salvar a México de las desgracias económicas. El secretario de Hacienda, Agustín Carstens, mandó la propuesta la noche del domingo, cuando quedó sepultada la idea de crear el nuevo impuesto del 2% al consumo, que serviría para atender a los más pobres de México.

“Esto es un arreglo entre los gobernadores (del PRI) y Carstens”, argumentaba el poderoso Beltrones, jefe de la bancada príista en el Senado. Horas antes, el diputado Rojas lidiaba con la negativa de muchos de sus compañeros de la fracción parlamentaria. Muchos se resistían a apoyar el aumento al IVA, con el argumento de que sus electores iban a reprocharles la subida en la tasa y que ellos se habían comprometido a no mover el impuesto y, mucho menos, a aplicarlo a medicinas y alimentos (tema que quedó salvado con la muerte del 2% general al consumo). Al final, Rojas salió de la plenaria de los diputados del Revolucionario Institucional con 124 votos a favor, 41 en contra, dos abstenciones y 70 ausencias.

“Los gobernadores mandaron a los diputados a votar a favor del aumento al IVA”, se quejaba Beltrones. Momentos antes, los diputados del PRI votaban a favor del 16% al IVA. El aumento caerá en las arcas de los gobiernos estatales, por tratarse de un gravamen participable. La propuesta original del 2% al consumo llevaría estos recursos al gobierno de Felipe Calderón para continuar la ruta hacia el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, que los entregaría a las comunidades más pobres en todo el territorio nacional. El aumento al IVA generará unos 30 mil millones de pesos anuales. La operación de los mandatarios estatales del PRI fue sencilla: arrebatar el billete a la Sedesol, que desde hace semanas manejaba que no había otra opción que el 2% para mitigar la pobreza de millones de compatriotas. Una de las promesas del equipo de Carstens es que una parte del dinero se enviará a finales de año a los gobiernos estatales.

“Vamos a tener que cachar esto (en el Senado)”, rugía el senador Beltrones cuando se enteró de la votación del grupo parlamentario del PRI en San Lázaro, y de la división que causó en la fracción, y de la decisión de 70 diputados que mejor no se aparecieron por el Palacio Legislativo. Con el desvelo de la madrugada del martes, el diputado David Penchyna trataba de explicar que no hubo quiebre en el grupo parlamentario, que muchos diputados no estaban en la ciudad de México porque viajaron a Coahuila y Tabasco para apoyar en los procesos electorales, que otros no acostumbran llegar en lunes al DF, que otros estaban en otras actividades.

“¡Esto no va a servir de nada!”, decía el senador Beltrones la tarde-noche del lunes. Entrado el martes, el diputado Rojas justificaba que el PRI no debe dejar que México se vaya a pique: “Es cierto que el país se ha venido deteriorando por la ineficacia de los gobiernos panistas, que han desaprovechado los años de mayores ingresos petroleros en la historia del país. Es lamentable la situación a la que nos han llevado los gobiernos del PAN, pero no por ello podemos regocijarnos de lo que han hecho mal… Nos duele muchísimo la situación del país, pero no por ello vamos a decir que se siga hundiendo porque el gobierno es malo”.

Ya se verá en Xicoténcatl cómo lidia Beltrones con el nuevo IVA de sus correligionarios de San Lázaro. El lunes estaba furioso.

Fuente: http://www.ejecentral.com.mx